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El ébola comenzó como algo lejano y hasta frío, que afectaba a gente de aldeas remotas de países africanos. Pero a medida que los casos aumentan y aparecen en nuevos países, el miedo que genera en la población mundial crece también, o incluso más.

El caso paradigmático es EEUU, donde ya hay dos enfermeras que se contagiaron allí y el miércoles se supo que una de ellas había abordado un avión el día anterior a tener diagnóstico, por lo que el virus pudo llegar a los otros 132 viajeros. Así, la enfermedad que acabó con 4.493 vidas va camino a convertirse en la próxima fuente de pánico en EEUU, tal como lo fueron el ántrax o la gripe H1N1. Según una encuesta del Washington Post y ABC News, dos tercios de los estadounidenses están preocupados por una posible epidemia de ébola en su país y más de cuatro en diez están “muy” o “bastante” preocupados por que ellos o alguien de su familia pueda contagiarse.

A lo largo de todo el país la gente tomó medidas de seguridad para evitar que les llegue el virus, que se transmite por fluidos corporales (transpiración, saliva, sangre) y que es altamente contagioso. Resurgieron los tapabocas y vuelve el uso masivo del alcohol en gel.

Pero también cayeron las acciones de aerolíneas debido a que se prevé una disminución de los vuelos por el brote y algunos niños confiesan que temen contraer la enfermedad.
Michael Luke-Anthony, limpiador de aviones en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, comentó que sigue las noticias diarias del ébola y que resolvió sellar las mangas de su camisa para dejar menos partes de su cuerpo expuestas. “Lo que más me aterra es que el ébola puede llegar a cualquier lado. Viajó de Liberia a Texas, se mueve rápido, podría estar en alguno de esos aviones”, comentó.

La semana pasada unos 200 limpiadores de cabina se negaron a presentarse en el aeropuerto de La Guardia, también en Nueva York, diciendo que no tenían suficiente protección.

En Texas la preocupación es tal que Eric Williams, candidato independiente al Congreso, sugirió una política general de “no contacto”. Nada de abrazos, nada de apretones de manos. Allí, lo mismo que en Ohio, ayer cerraron algunas escuelas debido a que sus alumnos o docentes habían viajado en el mismo avión que la segunda enfermera en contagiarse en suelo estadounidense.

Efectos psicológicos

Si bien los riesgos de la enfermedad son reales y aterradores, epidemiólogos y autoridades insisten en que, al menos por ahora, seguramente la principal huella que dejará el mal será en la psique de todo un país donde otras amenazas a la salud son más letales.

El presidente Barack Obama intentó tranquilizar a su gente al decirle a sus ciudadanos que “los riesgos de que contraigan ébola, las posibilidades de que haya un brote serio, son extremadamente bajas”. Pero esto no tranquilizó en lo más mínimo porque no estuvo acompañado de acciones. Por ejemplo, el mandatario a analizar la respuesta de su país ante la enfermedad y así, con los hechos, demostró que sí había que preocuparse.

Es que el ébola lo tiene todo como para potenciar los miedos. Más de la mitad de los que lo contraen no se salvan y en algunos casos los que lo padecen sufren hemorragias muy dolorosas. Los trabajadores de la salud que atienden pacientes –o ya cadáveres- con ébola se tienen que proteger como si estuvieran ante un desastre nuclear. Y aún así a veces se contagian también.

Las proyecciones tampoco ayudan: esta semana la Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó que a principios de diciembre el número de casos . En teoría, a partir de diciembre decrecerá la cantidad semanal de contagios.

Y parece que poco se puede hacer para evitarlos. En África las necesidades son evidentes (la OMS pidió US$ 1.000 millones) pero en los países occidentales también. Los casos de contagios de enfermeras en España y EEUU demuestran que los protocolos tienen sus fallos y que el virus pude sortearlos.

Por ejemplo, ayer compareció ante el Congreso el director del hospital de Dallas donde se produjeron los contagios y reconoció que cometieron errores al momento de hacer el diagnóstico y de comunicarlo. En España ocurrió otro tanto: una de las enfermeras que atendió a un misionero enfermo reconoció haberse tocado la cara cuando todavía tenía puesto el guante con el que había estado en contacto con el infectado.

Pese a todo, las autoridades insisten en transmitir su mensaje de calma. Y algunos, como el delegado de salud de Montgomery Ulder Tillman, insisten en recordar algunas verdades antiguas como el hecho de que todos los años mueren en EEUU unas 36.000 personas durante la temporada de gripe. “Urjo a la gente a no perder las perspectivas. El ébola da miedo y está bien preocuparse, pero en nuestro país va a morir más gente por gripe que por ébola”, comentó esta semana.

Bolsas nerviosas

En las bolsas de inversiones “la gran preocupación es que el ébola traiga un nivel de incertidumbre que nunca se ha visto antes en los mercados”, dijo en Londres Joe Rundle, jefe de la agencia de corretaje Trading ETX Capital.

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