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El museo se encuentra emplazado en un fabuloso edificio art decó que en total completa cinco plantas. Al ingresar, el espectador se encuentra con una escultura que perpetúa el encuentro entre Einstein y el filósofo compatriota Carlos Vaz Ferreira. Pero también se enfrenta con una atrayente exhibición que nos conduce visualmente por la historia del café y sus múltiples repercusiones culturales.

Se denomina Espresso italiano: rito, historia y cultura del café italiano y, en efecto, consiste en un verdadero paseo por la historia del café en Italia (y en gran parte del mundo) con sus implicancias en distintos órdenes.

Didáctica y estética
La exposición comprende paneles explicativos que a su vez incluyen fotografías y diseños, gigantografías sobre algunos bares que han hecho historia en Italia, algunos de diseños fantásticos. También diversas cafeteras de distintos períodos, tanto como servicios de café y demás. La muestra nos invita a su vez a hurgar en los distintos orígenes, partiendo de la palabra árabe qahwa, que identificaba en tiempos históricos una bebida realizada con el jugo extraído de algunas semillas. De qahwa se pasa al término turco qahvè y a través de una reducción gradual del significado se fue accediendo a la palabra café. Aunque para algunos la palabra tiene que ver con la región etíope de Kaffa.

En cuanto al desarrollo comercial de la bebida, se atribuye a los árabes entre los años 1300 y 1400, quienes lo difunden por todo el mundo musulmán.
Se considera que por 1615 el café hace su irrupción en el mundo europeo a través de los comerciantes venecianos, quienes recorrían las rutas marítimas que unían Oriente con Venecia y Nápoles. Como si le faltaran virtudes para ser célebre, se considera también en este aspecto a Venecia como la primera ciudad occidental en conocer el aroma del café y donde se abrió el primer comercio del ramo.

Con el paso del tiempo las cafeterías se convirtieron en lugares de encuentro y suelen ser espacios venerados donde se guardan secretos no oficiales de las grandes ciudades. Lamentablemente, Montevideo no cuidó sus grandes cafés, caso del Británico, el Tupí, el Montevideo, perdiendo así un inestimable patrimonio.

Los cafés suelen ser naturalmente asociados con la política y con la literatura, ya que son ámbitos de intercambio informal y muchas veces propician encuentros insospechados y hasta materialmente imposibles. Antes de desarrollarse en Europa, en Oriente Medio los cafés ya eran lugares de reunión donde se escuchaba música, se leía libros, se discutía sobre temas políticos y hasta se jugaba ajedrez. Luego de su aparición en Venecia, después de 1640, el resto de lo que hoy es Italia, Inglaterra, Francia, Holanda fueron conociendo establecimientos similares. Y los cafés literarios terminaron siendo símbolo de algunas urbes, algo que también se conoció en recordados días de Montevideo.

En síntesis, esta muestra rinde tributo a esa tradición, pero también es una manera de ver el diseño y las formas sutiles que vinculan de modo directo e indirecto al café. Una exhibición bien montada, visualmente atractiva y que nos enseña sobre lugares emblemáticos de las grandes ciudades.
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