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En una misma manzana del Prado se encuentran el liceo 16 y el 56. Uno tiene el doble de repetición que el otro. En el 16 repite el 42,7% y en el 56 los repetidores son el 28,6%. En un patio del liceo 16 conversan cinco adolescentes que están en distintos cursos. Tres de ellos repitieron algún año. Y uno, Andrés, va camino a repetir por segunda vez.
–¿Cómo es el proceso?
–Me empiezo a aburrir, me voy quedando, empiezo a entrar tarde a clase… Y ta.
–¿El liceo te da algún apoyo?
–Sí, pero no le doy bola. Y este año me pasó lo mismo.
–¿Ya sabés que vas a repetir?
–Sí. Me aburrí y ahora tengo muchas faltas.

Al liceo 16 llegan estudiantes de 32 barrios de Montevideo, principalmente de Capurro, Santa Catalina, La Teja, Cerro, Delta del Tigre, Playa Pascual, Sayago, Brazo Oriental, Paso de la Arena. “Del Prado no viene nadie”, cuenta a El Observador la subdirectora del centro, Silvia Rebagliatti. Es un liceo “de aluvión”, que tiene “muy buena locomoción”, y donde el “nivel socio-económico-cultural es muy heterogéneo”.


A ella no le preocupa el componente económico de esa tríada. “Nosotros les damos apoyo, pero tenemos una gran barrera: la falta de apoyo familiar. No tenemos buenos resultados, no lo voy a ocultar. No solo de repetición, también de deserción. Abandonan durante el año. En muchos casos a los padres les importa más que cuiden a sus hermanos chicos mientras ellos trabajan a que vengan al liceo. Tenemos padres que están atrás de sus hijos y esos son los que salen adelante. También tenemos padres ausentes, que los abandonaron. Este, el de la familia, es uno de los factores determinantes”, asegura.


Los alumnos que logran mejores notas son, en general, los que van un rato antes a las clases de tutoría. Hasta les dan la merienda para que vayan, pero no hay forma: son unos pocos. A Rebagliatti le cuesta hacer una autocrítica sobre su trabajo y el de los docentes del liceo. “Estamos fallando. Todo el sistema educativo está fallando. Por qué en particular este liceo, no lo sé. Por más que se les den todas las oportunidades, los alumnos no las aprovechan. Todo depende del compromiso de los padres y de los alumnos. El compromiso docente está”. Andrés coincide con la subdirectora de su liceo. También Mateo, que repitió 2º pero ahora confía que va a pasar 3º.
–¿No influye el liceo?
–No –dicen a coro–. Va en uno.

A pocos metros de allí, en el liceo 56, Paula, de 12 años, come un alfajor mientras espera que su madre vaya a buscarla. Vive a 20 minutos en auto y la mayoría de sus compañeros son del barrio. Solo tiene una amiga que repitió. Dice que fue porque estuvo mucho tiempo enferma.
Los liceos de Montevideo que tienen más de 50% de repetición no están concentrados en una misma zona y ni siquiera son todos de la periferia. Están en Maroñas, Lavalleja, Unión, La Teja, Nuevo París, La Blanqueda y Cordón. En el otro extremo, los liceos con niveles más altos de promoción tampoco se ubican todos en los barrios acomodados de la capital (ver nota en página 4). El segundo “mejor”, después del liceo 7 de Pocitos, es el 43. Tiene 28,3% de repetición y queda en Rincón del Cerro, muy lejos de la costa y cerca de la casa del presidente José Mujica.


En el camino O’ Higgins, hacia el liceo 43, se ven casonas que podrían estar en Punta del Este, construcciones abandonadas, pequeñas granjas, almacenes tradicionales y salones de fiesta. Al liceo llegan principalmente adolescentes de Barra de Santa Lucía y Pajas Blancas.
El entorno semirrural del liceo es una de las explicaciones que encuentran los propios alumnos a la tranquilidad con la que estudian y al nivel que se alcanza. Pero la razón central, coinciden varios, es “la gente”.
“Yo estaba entre el 24 (en Paso de la Arena) y el 43, y es obvio (que se debe elegir el 43). Tengo amigas que van al 24 que se ponen a fumar porro en la esquina”, dice una estudiante de 3º que espera el ómnibus en la parada. Otra agrega que “es horrible cómo van vestidas” las que asisten al 24.
Ese cierto nivel de conservadurismo y buenas costumbres de los alumnos se ve en su forma de vestir y se percibe en su forma de hablar. Alejandra, que vive en Casabó, descartó todos los liceos cercanos a su casa y optó por trasladarse hasta Rincón del Cerro porque su tía le dijo: “El 43 es bueno, es tranquilo y no se arma lío”.
Pero la explicación no es solo “la gente” que va o de dónde proviene. El liceo 7 de Pocitos es el que tiene menor repetición de Montevideo (21,8%) y, al igual que el 16 del Prado, es un “liceo de aluvión”. Allí van sobre todo adolescentes de la zona, pero también llegan de Ciudad Vieja, Malvín, Manga, Gruta de Lourdes y Cerro.


Dos profesoras que conversan en un banco del edificio largan una risa socarrona cuando se les dice que ese es el “mejor liceo” y se les pregunta por qué. “Es por dos cosas: por la zona y porque lo eligen los mejores docentes, los de más antigüedad”.
Es un liceo privilegiado –explican– porque allí trabaja un grupo de psicólogos y psicopedagogos que diagnostican trastornos de personalidad y eso permite evaluar a los alumnos con cierta tolerancia. La consecuencia es que el estudiante no repite. Ambas trabajan en otros liceos también: “Se precisa mucho más en otros lados”, aseguran.
El liceo 7 se ha ido consolidando como un “buen liceo” en los últimos años. Aun sin conocer las cifras que divulgó ANEP, los padres lo saben. Lo eligen incluso familias que antes optaron por colegios privados del barrio. Por eso Marcelo, padre de Valentina, solicitó expresamente que permitieran a su hija estudiar allí. “Vivimos en Parque Rodó y nos habían asignado el liceo 12, de Parque Batlle. Pero pedimos el 7 porque sabemos cómo es, tenemos amigos que salieron de acá y nos lo recomiendan”, explica a El Observador. Marcelo considera que por su ubicación, frente a Parque Batlle, el 12 es menos tranquilo que el 7. También sabe que el “nivel” educativo del liceo de Pocitos es mejor.


Así como el liceo 7 ha cultivado su prestigio, el 13 carga con el estigma de ser un lugar inseguro y de malos resultados. Las cifras oficiales confirmaron que es el liceo uruguayo en el que más estudiantes repiten el curso: 57,4% del total. A una cuadra del hipódromo de Maroñas, el 13 alberga a más de 1.200 estudiantes, pero año a año desciende su matrícula. Seis de cada 10 son alumnos de “extra-edad” que han quedado rezagados de sus compañeros. Muchos provienen de Casavalle.
A mediados de este año las autoridades de Secundaria anunciaron que antes de 2015 se construirá un nuevo liceo en la zona de Boiso Lanza, con lo cual se piensa “descomprimir” al 13. l

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