ver más

El mundo sabe de crisis económicas. La historia reciente estuvo marcada por la caída de países cuyos problemas se extendieron a lo largo del globo. México, los tigres asiáticos, Rusia, Brasil, fueron focos que contagiaron a la región y en algunos casos, al mundo, con sus desequilibrios devenidos en crisis. El caso griego, en las actuales circunstancias, se perfila como el próximo conductor de una crisis.

La Unión Europea, en su cumbre de ministros celebrada hasta ayer, fue determinante sobre su apoyo al país helénico en un nuevo plan de rescate. Solo se hará efectivo si el gobierno adquiere el apoyo del Parlamento para realizar un ambicioso programa de recortes de gasto y privatizaciones, resistido tanto por la oposición política como por la mayoría de la población griega.

De no aprobarse el plan de rescate, Grecia se vería al borde de un impago, dado que el país necesita fondos para cubrir 6.600 millones de euros (US$ 9.300 millones) de bonos que vencen en agosto. El menú de opciones se hace cada vez más reducido. Y si hay algo en lo que coinciden los analistas y autoridades del mundo, es en que un impago griego podría tener consecuencias catastróficas para el sistema financiero internacional, que no termina de recuperarse de la crisis de 2008-2009.

Y ese escenario se ve cada vez más probable. De hecho, el proyecto de ley enviado al Parlamento por el presidente griego pende de un hilo. La semana pasada, la mayoría del partido de gobierno a nivel legislativo, daba por descontado el triunfo de la iniciativa oficial.

Sin embargo, en los últimos días, el número de disidentes del partido de gobierno que negarán su voto al proyecto, aumentó. Ayer, un nuevo legislador oficialista dio la espalda a la iniciativa oficial, que entre otras cosas, comenzará a gravar con impuestos a los trabajadores que cobran salarios mínimos, acortando el margen a favor a solo dos escaños, cuando faltan cuatro días para que dé inicio el debate parlamentario.

Deja vu
El caso griego encierra características similares a otras economías que en su momento pusieron en ascuas a buena parte del globo. Según Sergei Ulatov, economista residente del Banco Mundial en Moscú, la crisis griega tiene todos los elementos que caracterizaron a Rusia en su impago de 1998.

“El ejemplo de Grecia me recuerda mucho lo que pasaba en Rusia en 1998, pero en mucho mayor escala”, dijo ayer Ulatov en una entrevista durante el foro titulado Rusia y los mercados de capitales de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) –el grupo de ex naciones soviéticas–, organizado por la revista Euromoney.

Rusia enfrentó un impago de bonos hace 13 años, cuando la imposibilidad de hacer frente a obligaciones por US$ 40 mil millones de deuda en moneda doméstica hizo que el rublo se devaluara 70% en dos semanas y que la economía se contrajera 5,3% ese año.

Ulatov, al igual que otros participantes del foro, pronostica un impago griego. El economista jefe para Rusia y la CEI de HSBC Holdings fue contundente al respecto. “No veo más alternativa”, señaló. La experiencia de su país en los últimos años del Siglo XX le da a los expertos rusos autoridad al respecto. Zdenek Turek, presidente de la división de la CEI de Citibank, dijo que los países europeos están intentando postergar el dolor y agregó que, en el caso de un impago griego, “cuanto antes sea, mejor”.

La crisis griega no solo se parece a la crisis del rublo: también tiene una pizca de la crisis mexicana de 1994, cuando el efecto tequila salpicó desde México a toda la región.

Las malas decisiones de un gobierno abocado al gasto y a la asunción de deudas imposibles camufladas por la bonanza económica, pusieron a las finanzas públicas aztecas contra las cuerdas.

Del mismo modo Grecia se vio inmersa en un desequilibrio difícil de conciliar. Contrario a la autoridad alemana, el estado de bienestar griego, sus subsidios y exenciones tributarias, dieron como resultado una trama que no se ajustaba a la realidad económica. El déficit de las cuentas públicas de 10,5% y una deuda bruta de 143% del PBI.

Momento Lehman
La crisis europea también guarda sus puntos de comparación con la crisis estadounidense, principalmente con algunos de los episodios más relevantes de la debacle financiera de 2008 y 2009.

Fue la caída del banco de inversión Lehman Brothers, el 15 de setiembre de 2008, la que obligó a tomar conciencia al mundo de que existen bancos demasiado grandes como para dejarlos caer. Ahora la pregunta es otra: ¿Existen también países de esas características? “La probabilidad de un momento Lehman en la zona del euro crece”, dijo Neil Mackinnon, un economista de VTB Capital en Londres y ex funcionario del Tesoro británico. “Los mercados han pasado de limitarse a incorporar a los precios una alta probabilidad de un impago griego a barajar una situación de desorden y de contagio a otras economías, como Portugal, Irlanda y tal vez España, Italia y Bélgica”.

Las características se repiten. Grecia se encamina a desencadenar una nueva crisis mundial. Los políticos europeos tienen en sus manos la potestad de evitar o al menos cargar un puñado de arena en el reloj helénico. O las consecuencias serán imprevisibles. (El Observador y agencias)
Seguí leyendo