El ocaso de los trillonarios
Miles de miles de millones de dólares de Zimbabue han cambiado de manos todos los días
Fernando Savater daba una conferencia en Madrid con esa manera tan suya de explicar las cosas esenciales como si fueran sencillas, hasta que un exasperado joven del auditorio lo interrumpió: "Pero no me negará usted que esta vida es un asco". El filósofo retrucó, con una sonrisa: "¿Comparada con qué?".
El listillo de la audiencia se quedó sin palabras y Savater continuó con lo suyo, que está siempre enmarcado en la categoría "razonar con lucidez". Yo creo que el joven impertinente comparaba a la vida con sus propias expectativas, las posibilidades maravillosas contrastadas por las realidades miserables.
Puede que el párvulo vencido en esa justa retórica se refiriera a la angustia existencial del ser humano, a su vocación de dios frustrada por su realidad animal. O a la manera en que se ha comportado el hombre en sociedad, un orden que no hace más que subrayar la injusticia.
Nunca lo sabremos. La España en la que ambos –filósofo y listillo– vivían, ha despertado, de hecho, a una realidad mucho más oscura que el sueño en el que vivieron hasta hace muy poco. Si se compara consigo misma hace una década, la vida en España ahora se puede parecer al asco del que hablaba el joven, pero si se compara con otras realidades contemporáneas, España sigue siendo el paraíso en la tierra.
Como ejemplo baste Zimbabue, una tierra de una riqueza extraordinaria, que fuera el granero del continente, con paisajes de ensueño, como las cataratas Victoria y parques naturales espectaculares, una población de un nivel cultural muy alto (la Suiza de África) y recursos minerales de una abundancia sobrenatural: oro, níquel, platino, paladio, acero.
Es uno de los ejemplos más horribles de realidad postcolonial. El dictador actual, Robert Mugabe, liberó al país del apartheid al que estaban sometidos los nativos negros, el 95% de la población, y realizó una reforma agraria muy simple: confiscó las granjas de los blancos y las repartió entre sus amigos.
Desde entonces, nadie cultiva nada sino que especulan con la nafta subvencionada. El 70% de los campesinos se quedó sin empleo y el gobierno empezó a imprimir dinero como forma de agarrarse de la brocha. Es así que el país se llenó de millonarios, billonarios y trillonarios, pero cuatro de cada cinco no trabajan, porque el sueldo no da ni para pagar el boleto de ómnibus.
Las cifras son muy difíciles de creer. Mi fuente es El País de España, que informa que la moneda zimbabuense se derrumbó y que se abrió un período de cambio en el que dan un dólar por 35 mil billones (35.000.000.000.000.000) de dólares zimbabuenses.
Lo que no se puede entender es cómo viven esos trillonarios en un país con un 80% de desempleo. El País explica que caminan mucho, que se ve a la gente en la calle como si fueran peregrinaciones cruzadas. Pero, ¿a dónde van?, ¿hasta cuándo?
Un dato escalofriante tiene que ver con la evolución de la expectativa de vida, que pasó de 61 a 37 años. Se llegó a lo literal: "En este país no se puede vivir". El que sí puede es Mugabe, que tiene 91 años, y hace 28 que está en el poder.
China y el Reino Unido se disputan las riquezas de Zimbabue para cuando el "padre de la patria" muera y haya algún tipo de apertura. El gigante asiático ha hecho grandes inversiones a la espera de ese futuro próximo.
No creo que quepa albergar grandes esperanzas sobre la calidad de vida bajo el dominio chino, pero también está claro que cualquier tipo de cambio se debe ver con buenos ojos.
Me pregunto qué diría Savater si un joven zimbabuense le pidiera que no negara que esta vida es un asco. ¿Con qué versión del infierno habría que comparar la vida en Zimbabue para que saliera bien parada?