9 de octubre de 2017 5:00 hs
Ismael Villegas estaba de vacaciones, pero nadie se hubiera dado cuenta al ver su aspecto.
Estuvo sin ducharse una semana, hasta durmió pocas horas en el piso de un strip club, y en los últimos días pasaba todo el día escarbando entre los escombros de un edificio que colapsó tras el terremoto que azotó a México el 19 de setiembre pasado.

Villegas es un "topo", un rescatista voluntario que construye túneles entre las montañas de hierro y concreto de edificios desplomados en busca de sobrevivientes.
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Es una tradición que se remonta al devastador sismo de 1985, que provocó la muerte de más de 10 mil personas y destruyó cientos de edificios en Ciudad de México, la capital del país azteca.

Aquel terremoto –que también había devastado la ciudad un 19 de setiembre– sobrepasó los servicios de emergencia de la ciudad, y los rescatistas voluntarios llenaron ese vacío.

Aquellos primeros "topos" desarrollaron una eficiente técnica para sacar a víctimas atrapadas en edificios colapsados, que consiste en reptar a través de los agujeros que dejó el propio edificio al desplomarse y luego hacer túneles de manera horizontal, piso por piso, buscando agujeros de aire en donde podrían encontrarse personas con vida.

Es más rápido y menos costoso –también más peligroso– que la técnica estándar internacional, que implica una excavación vertical, una sección a la vez y con pausas para asegurarse que la estructura continúa estable.

Cuando el martes 19 de setiembre el terremoto estremeció Ciudad de México, Villegas estaba a 700 kilómetros de la capital, en el estado sureño de Oaxaca, ayudando a remover los escombros que otro terremoto había causado en esa ciudad el 7 de setiembre.

Tan pronto como la tierra dejó de temblar, fue a su vehículo y se dirigió a Ciudad de México, donde los primeros reportes ya hablaban de edificios que se habían derrumbado y personas que quedaron atrapadas.

"Me vine manejando rápido. Hice 10 horas de camino. Llegué a las 2 de la madrugada y a empezar a trabajar, directo al escombro. Gracias a Dios mis compañeros y yo logramos sacar a siete sobrevivientes", contó.

Desde entonces, Villegas estuvo varios días en la avenida Álvaro Obregón, en el moderno distrito Roma, donde se desplomó un edificio de oficinas de siete pisos y en el que se puede apreciar una de las peores escenas de destrucción de un sismo que dejó un saldo de más de 330 personas muertas.

"Nos quedamos en un antro que tiene tubo y todas las cosas de chicas, y bar. Nos abrieron las puertas, nos permiten utilizar los sanitarios y allí nos dormimos en el piso", dijo entonces.

Villegas calcula que hay alrededor de 200 "topos" en México.

Electricista de profesión, trabaja en el Metro de la capital y tiene 46 años. Pero ser un "topo", afirmó, insume todo el tiempo.

"No soy casado y no tengo hijos, yo creo que por andar de rescatista, porque no me siento tan mal físicamente. Pero sigo soltero. Es lo que hacemos, tenemos como una misión en la vida que debemos cumplir, simplemente", dijo. Pero es peligroso: un error en un edificio colapsado y puedes precipitarte por un abismo. Un cambio en la precaria estructura y puedes terminar aplastado, admitió sin vueltas. "Es como un pastel en diferentes niveles, y de repente quitas las bases y lo que antes era seis niveles de pastel queda reducido a uno y medio. Es un sandwich apretado. Es un mar de cemento, varilla, metal, residuos, líquidos. Es una sensación de desesperación", explicó a su tiempo Luis García, un abogado y también "topo" de 43 años.

Pola Díaz Moffitt, quien trabaja junto a Villegas, comenzó a desarrollar esta actividad en 1985. Señaló que el miedo sigue invadiéndola cuando decide meterse entre los escombros.

"Al principio te tiemblan los pies, y luego ya te acostumbras; todo se mueve. El escombro es inestable; es como el Big Brother, pues siempre está cambiando", narró esta intrépida mujer.

Esta trabajadora social de 53 años recordó que ayudó a salvar unas 25 vidas en su carrera.
En este caso en particular,el paso de los días hizo mermar las esperanzas de encontrar a algún otro sobreviviente del terremoto de 7,1 grados.

Cuando el edificio de la avenida Álvaro Obregón se vino abajo había 132 personas en su interior, de las cuales 29 fueron rescatadas con vida en los primeros días, y 69 en toda la ciudad. Pero a partir de entonces fueron encontrados cadáveres en los 39 edificios que se desplomaron.

Pero, sin embargo, los "topos" nunca se rinden y recuerdan que llegaron a sacar personas con una semana entre los escombros, "incluso un poco más", reflexionó Villegas.

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