El osito gracioso y fiestero
Ted, la primera película codirigida por el creador de Padre de familia, es una comedia hilarante, ingeniosa y enternecedora. Pese a esto y a la presencia de un peluche, no es un filme para niños
Seth McFarlane, el creador de Padre de familia, llevó el tipo de parodia de comedia familiar que se consagró con Los Simpson a un nuevo nivel. Lo que en la serie de Matt Groening era sátira y crítica juguetona, en Padre de familia se convirtió en humor ácido y absurdo. En su afán por atrapar la atención de las masas, agarró un formato archiconocido y le dio una vuelta de tuerca: para crear al pater familias Peter Griffin sumó un toque grotesco y border line a la estupidez de Homero y, a falta de un Bart, añadió a la familia un bebé psicópata superdotado y un cánido refinado y snob.
Los personajes inverosímiles, descerebrados o imbéciles profundos son marca de la casa de este señor, que logró meter en los hogares de medio mundo una serie de productos que ondean sonrientes la bandera de lo políticamente incorrecto. Teniendo presente cuáles han sido sus recursos en Padre de familia, su spin-off The Cleveland Show o en la cáustica American dad, no sorprende que su primera película esté protagonizada por un osito de peluche amante de la marihuana, la cerveza y las mujeres.
El sueño de tu vida
¿Cómo hacer que un osito normal y corriente tome vida? Fácil: convirtiendo el sueño de un niño en realidad. Al principio de la película, John Bennett (Bretton Manley) es un niño sin amigos que desea que el osito que le regalaron para Navidad cobre vida y se vuelva su fiel amigo. Sucede el milagro, se entera la prensa, se convierte en una celebridad y, tras un tiempo, pasa de moda y para todo el mundo resulta normal ver a un joven caminando al lado de su osito de peluche. Crecen juntos, van a la universidad y cuando John es un adulto de 30 años (Mark Wahlberg), terminan viviendo ambos con la novia del humano.
“Teddy” dista mucho de ser solamente un objeto suave y esponjoso que acompaña a su dueño a todas partes. El osito es canchero, descarado y, como Brian, el perro de Padre de familia, tiene una personalidad atrayente que le granjea popularidad. Estas características, añadidas a una fascinante capacidad para seducir a las mujeres, dan como resultado un personaje que en sus idas y venidas sostiene toda la película. Y no es para menos: no todos los días se ve a un osito de peluche rodeado de mujeres provocativas o siendo el centro de una fiesta desenfrenada.
Por su lado John, su inseparable amigo, es un treintañero sin demasiados amigos, y un poco loser, que tiene por novia a Lory (Mila Kunis), una hermosa morocha que participa y disfruta de su sentido del humor adolescente.
Ted no cuenta ninguna historia nueva, sino que reinventa esa situación en la que dos jóvenes con una íntima amistad viven existencias de eternos adolescentes, hasta que llega una mujer que cuestiona su relación queriendo arrastrar a uno de los integrantes al mundo de los adultos. Este es el centro narrativo de una película que desde el primer momento logra provocar las carcajadas de la audiencia recurriendo a la reproducción exagerada del lenguaje cinematográfico del blockbuster.
Fórmula ganadora
McFarlane ha desarrollado con el paso de los años y las series animadas, un ritmo muy ensayado en el que las estupideces y las referencias a la cultura de masas se suceden sin parar. En todas las promociones de Ted se dejaba muy claro que la idea y la realización de la película salían “del creador de Padre de familia”, y eso es lo que la audiencia esperaba.
Ya desde el principio las similitudes saltan a la vista. Pasada una breve introducción, arranca una canción en la que se presenta la película, tras lo cual empiezan a sucederse (como en sus otras producciones) una serie de escenas que remiten a formatos estándar de películas que todos recuerdan vagamente. Esas situaciones son aderezadas con detalles sorprendentes, graciosos y efectivos.
Solo en los 15 primeros minutos ya aparece una gran variedad de referencias a la cultura pop, freak o bizarra de la década de 1980 como Star Wars, Indiana Jones, E.T, Top Gun o Flash Gordon, y que serán recurrentes durante todo el metraje.
La dupla arquetípica de las películas de adolescentes ya mayorcitos que tanto recuerda a Clerks, se convertirá en la munición de la ametralladora de bromas histriónicas y ordinarias en la que se convierte la película. Siendo políticamente incorrecta, Ted no llega a ser soez, como sí lo son algunos de los capítulos de las series de McFarlane, y logra mantener un equilibrio entre la carcajada inocente e irreverente, sin renunciar a medidas dosis de emotividad y dramatismo ni caer tampoco en excesos.
El formato y el lenguaje de McFarlane se repiten una vez más en Ted, y el hecho de que sea la novena película que más plata ha juntado en 2012 da la prueba de ello. Sin duda alguna, ésta será la primera de muchas otras, y eso, para quienes saben ir al cine a pasárselo bien, es una muy buena noticia.