Fue uno de los pocos cardenales que cuando llegó a Roma para el cónclave hace unos días no usó los vehículos oficiales y prefirió hacer el camino en el transporte público, seguramente sin saber que esa sería la última vez que recorrería ese trecho en un relativo anonimato. El gesto no fue una originalidad del argentino ni un tipo de cábala preelectoral, sino lo mismo que hacía siempre en su Buenos Aires natal, donde es famoso por trasladarse a pie o en los subtes y colectivos de la ciudad.
El papa de a pie
Jorge Mario Bergoglio es conocido por la sencillez –que lo llevaba a andar en subte– y al mismo tiempo por la claridad con la que defiende las ideas de la Iglesia