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Aunque Luiz Inácio Lula da Silva Lula está preso desde hace una semana, el Partido de los Trabajadores (PT) mantiene su candidatura a la Presidencia de Brasil contra viento y marea, una estrategia de alto riesgo que evidencia su falta de opciones reales.

Lula continúa siendo el favorito para ganar las elecciones de octubre con una intención de voto de 37%, según la última encuesta de Datafolha.

El PT ha multiplicado el apoyo incondicional a su figura histórica, trasladando simbólicamente su sede de San Pablo a Curitiba, capital anticorrupción de Brasil y tierra hostil para la izquierda petista, donde simpatizantes acampan en un barrio de la ciudad a la espera de la liberación de su líder.

"No tenemos plan B", reconoció esta semana la expresidenta Dilma Rousseff, asegurando que se "luchará en todas las instancias jurídicas para que Lula sea candidato".

El sociólogo Alberto Almeida, del Instituto Análisis, de San Pablo, anticipa una precampaña muy inusual. "El partido tiene tres meses hasta el inicio de la campaña oficial para intentar sacar a Lula de la cárcel, usando caravanas, visitas y mensajes del expresidente desde la prisión. Ese será el objetivo", dijo.

A pesar de la posibilidad real de que Lula sea invalidado como candidato, "es muy difícil para el partido no capitalizar a un líder que fue su norte durante los últimos 20 años", estimó Debora Messenberg, socióloga y politóloga de la Universidad de Brasilia.

Lincoln Secco, historiador de la Universidad de San Pablo y autor de Historia del Partido de los Trabajadores en Brasil, añade: "Lula y el PT son inseparables".

"El partido tiene una estrategia correcta: mantener la candidatura de Lula, a pesar de estar detenido. ¿Cómo podría no considerar a Lula como un preso político?", se pregunta Secco. "No tuvo un proceso justo".

El PT se abroqueló alrededor del encarcelamiento de Lula, que dejó el poder en 2010 con una popularidad del 87% tras ocho años de gobierno. Y también muchos enemigos.

"En cierta forma, el PT es un rehén de Lula", opinó el cientista político Paulo Moura.

"La movilización alrededor de Lula es mucho más una estrategia para mantener a su tropa activa y sobrevivir", dijo. "Sin una perspectiva de Lula como candidato, la base del PT se disgrega. Es un callejón sin salida porque Lula no podrá hacer campaña preso".

A los 72 años, el exlíder sindical sigue siendo la figura excluyente de la izquierda y, lejos de bendecir un sucesor, se cuidó de no sugerir herederos.

En su último discurso en libertad, "no mencionó ningún candidato petista", pero "señaló a Manuela D'Avila (PCdoB, Partido Comunista) y a Guilherme Boulos (PSOL, izquierda) como los candidatos del futuro", recordó Secco.

"Así, mantuvo el partido unido en torno a su defensa, mientras fortalecía la solidaridad de la izquierda", completó.

El partido cofundado por Lula gobierna seis estados, incluyendo Bahía y Minas Gerais, y cuenta con 2,2 millones de afiliados.

Sin embargo, perdió gran parte de su lustre con el escándalo de compra de votos del mensalão (2005) y con las acusaciones de la Operación Lava Jato (2014).

Pese a ello "no hay ningún partido de izquierda que tenga la fuerza electoral del PT, ni el tamaño de su bancada", subraya Messenberg.

Con 60 diputados deja atrás incluso a los 56 del PMDB del presidente Michel Temer.

Pero al igual que la mayoría de los analistas, Messenberg no cree que Lula sea candidato. "Van a tener que sacar algún otro nombre de la galera de acá a octubre".

El exalcalde de San Pablo Fernando Haddad no es unánime y la eventual postulación del exministro Jaques Wagner se nubló con acusaciones de corrupción.

¿Y qué ocurrirá cuando la Justicia declare a Lula inelegible por tener una condena confirmada en segunda instancia como establece la ley brasileña?

"Ahí el PT tendrá un problema, que es la transferencia de votos de Lula para otro postulante del PT. Nada indica que eso vaya a funcionar", dijo Secco.

Paulo Moura es aún más pesimista: "El PT está entrando en decadencia".
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