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Anina y su enorme cabello vienen conquistando las audiencias tanto uruguayas como de varios puntos del mundo. Y desde mañana se la podrá tener en formato coleccionable: con la edición del viernes de El Observador, los pegotines con los personajes de Anina vendrán en forma gratuita.

Alfredo Soderguit no solo dirigió la película sino que también se encargó del diseño de los personajes y explicó la génesis y las particularidades de su animación.

Mucho antes de la película, Anina cobró vida cuando en 2003 el ilustrador realizó las imágenes que acompañaron el libro original de Sergio López Suárez.

“Si bien técnicamente el dibujo es distinto y tienen algunas pequeñas diferencias, la esencia de los personajes más importantes se mantiene”, dijo Soderguit a El Observador.

Esa esencia se encuentra primero en aquellas características que diferencian a los personajes del resto y en particular sobre Anina, esa cierta rareza que se resalta de manera fundamental en su pelo rojo y descontrolado. Pero esa característica fundamental del personaje podría haber sido algo muy distinto.

En el manuscrito original de López Suárez, Anina era morocha. Fue el borrador de Soderguit el que hizo que el texto cambiara.

“Cada vez que me devolvía una correción, Sergio me escribía unas líneas muy poéticas. No me acuerdo bien lo que decía de Anina pero elogiaba mucho su ‘pelo endemoniado’”.
Ese rojo hizo pensar a ambos sobre las características del personaje: rebelde, inquieta, imaginativa, incontrolable y pasional. “Me parecio genial darle ese rojo y en el descontrol, ese pelo que va como una bandera más de un lado que de otro”, contó Soderguit. “Es una característica llamativa y que tiene más que ver desde el plano metafórico del personaje, y terminó generando un cambio hasta en la propuesta del libro”.

Las características del resto de los personajes fueron pensados para ofrecer una paleta visual diferente. Yonatan, “que tiene esa cabeza como de exprimidor, el corte tipo taza, muy remarcado”; Yisel, con sus dos colitas, que en el imaginario de Anina se asemejaban a orejas de elefante; y Florencia, “una especie de Susanita pero morocha”, según la describió su creador.

En las ilustraciones de Soderguit, los personajes –y en particular Anina– son un tanto desproporcionados: la cabeza grande es sostenida por un cuerpo pequeñito. Y esa es una característica que el equipo buscó.

“Los rostros son mucho más expresivos y visibles. No importa tanto lo que hacen con las manos sino sus gestos, la mirada, la sonrisa”, explicó.

El foco está puesto en las caras, que también son muy particulares: los rasgos, pequeños y simétricos, se reparten en la gran superficie del rostro.

“Discutimos bastante si poner más pestañas y cejas, el blanco del ojo, la boca mas grande, es decir, generar rasgos expresivos en el sentido de que dieran margen a hacer movimientos”, dijo el ilustrador. Sin embargo se inclinaron hacia uno de los gustos del creador: generar misterio. “Los ojos son profundos y chiquitos, pero visibles. Y Anina es la que tiene los ojos más grandes del conjunto. Para mí lo que genera es cierta incógnita. En definitiva es su gestualidad sutil lo que genera el misterio”, dijo.

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