El precio del ganado gordo
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Aún a riesgo de simplificar el asunto, lo que está ocurriendo entre los productores ganaderos y los frigoríficos no es otra cosa que una pulseada por el precio de las haciendas, algo inherente al funcionamiento de un mercado libre. O, dicho de otro modo, la lucha por la materia prima.
Del lado de los productores, el objetivo es valorizar lo máximo posible la cotización del ganado gordo a la hora de venderlo para la industrialización. En esa visión hay elementos objetivos, como los costos de producción, el stock de animales en el campo, la situación forrajera.
Luego podríamos mencionar dos factores, que son las necesidades económicas y la visión acerca de cómo marchan los mercados, que pueden incidir en el clima del negocio. Si nos ponemos más prolijos, el productor también debe tener una visión general de su empresa, si produce otros rubros, para distribuir sus gastos e ingresos a lo largo del año.
Lo mismo mismo se podría decir de la industria frigorífica: tiene sus objetivos, que son hacerse de la materia prima para transformarla en distintos productos a colocar en los mercados.
Al igual que los productores, tiene sus costos de producción, sus momentos del año para colocar los productos en los mercados y aspira a tener su ganancia como todo negocio.
¿Qué ha ocurrido en los últimos tiempos? El 2013 fue para los productores un año para encuadrar y para los industriales para olvidar. Con el novillo a US$ 3,80 el kilo a la carne, el entusiasmo llevó a una producción casi récord de terneros –2,8 millones–, con la ayuda del tiempo, que deparó invierno, primavera y verano buenos para el campo.
Pero la industria puso el grito en el cielo y hasta presentó un documento al gobierno, en un claro mensaje de que así no podía seguir porque estaba perdiendo millones de dólares, pese a que la carne se valorizó en los mercados y en el exterior se consiguieron mejores precios. Con ese escenario culminó el año.
Al comenzar el año, la buena situación de los productores comenzó a revertirse de la mano de una caída de la faena y precios a la baja. Cuando llegó a US$ 3,30 el kilo (50 centavos que sumados son mucha plata), se produjo una reacción del gobierno. El presidente José Mujica dedicó un Consejo de Ministros y varios programas radiales para hacer una velada amenaza de intervención.
Casi involuntariamente, porque el industrial José Costa lanzó una apreciación al vuelo sobre la posibilidad de que los productores quisieran un acuerdo de ganancias, se abrió un debate en los medios, que esta semana aterrizó en el Instituto Nacional de Carnes (INAC).
Por un lado, el presidente de INAC, Luis Alfredo Fratti, planteó la idea de que exista “un precio piso”, que sea “un porcentaje del Novillo tipo (que elabora INAC) en el que se pongan de acuerdo los privados y que el organismo actúe como garante”.
Por otra parte, la Federación Rural, que ha liderado las reivindicaciones en el comercio de haciendas, propuso el lunes pasado en la Junta de INAC que este organismo publique un precio, en base a estadísticas, que sería un porcentaje del Novillo tipo. Esa franja sería en la que “la industria y los productores se sientan más cómodos”, según dijo a El Observador una fuente gremial.
Es difícil que se llegue a un acuerdo de precios entre las partes –tampoco lo hubo por el dressing–, aunque INAC publica cada semana un informe de pesos medios, rendimiento y dressing, pero entre las palabras del presidente Mujica y el diálogo en la Junta Directiva de INAC, el valor del novillo subió algunos centavos y la faena se recuperó.