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La categoría de Mejor Película Animada se incorporó a los premios Oscar por primera vez en 2001, consagrando a Shrek como la mejor obra en su género, antes de que la película de DreamWorks Animation se embarcara en un ciclo interminable de secuelas insípidas.

Pero antes del éxito taquillero de franquicias como la del ogro, las películas animadas ya eran reconocidas desde la era de Walt Disney como obras con un peso cinematográfico tan importante como la de una película “real”.

Por eso es que comenzado el nuevo milenio, este agregado a la premiación de cine por parte de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas fue recibido con laureles y con críticas al mismo tiempo. Por un lado, los estudios de animación sintieron que ya era hora que su trabajo se viera reconocido por una organización de renombre mundial como la de los premios Oscar.

Sin embargo, otros entendieron que la diferenciación de esta categoría con la de Mejor Película –que este año se disputan Martin Scorsese, Steve McQueen y Alfonso Cuarón, entre otros– imposibilitaba a las cintas animadas consagrarse con la mayor estatuilla de la industria del cine mundial, lo que separaba la brecha entre un negocio y otro, cada vez más.

Esta creencia se mantiene hasta hoy, aunque hubo excepciones. El primer largometraje animado en ser nominado a un Oscar a Mejor Película fue La bella y la bestia en 1992 –un hito para la época– aunque perdió contra El silencio de los inocentes. Sólo 17 años después, Up: una aventura de altura obtendría la misma nominación y Toy Story 3 haría lo mismo un año después. Casualmente, ambas películas pertenecen a los que algunos llaman el “Rey de la animación”: los estudios Pixar.

Desde su creación, la categoría de Mejor Película de Animación ha sido dominada de alguna forma u otra por Pixar Animation Studios. Basta con ver los números. De las 11 películas que han producido desde la inclusión de la categoría en la premiación, nueve han sido nominadas y siete se han llevado el galardón a su casa en Emeryville, California, donde los estudios están instalados .

Buscando a Nemo, Los Increíbles, Ratatouille, WALL·E, Up: una aventura de altura, Toy Story 3 y Valiente son todos ejemplos provenientes del estudio fundado por Steve Jobs y John Lasseter de como el cine animado a veces puede superar al no animado a niveles narrativos. Pero la premiación de este año, la edición número 86, es diferente, ya que el “Rey” no se encuentra nominado y en su lugar se encuentran cinco contendientes bien diferentes entre ellos.

En primer lugar se encuentra Frozen, una aventura congelada, de los estudios Walt Disney Animation. Cabe mencionarla antes que a las demás, ya que se ha dicho que es la favorita por lejos para llevarse la estatuilla dorada. La historia musical de las dos hermanas princesas dirigida por Jennifer Lee significó el regreso de Disney a la gloria animada y fue un éxito tanto en la taquilla mundial –recaudó más de US$ 985 millones– como en la crítica especializada.

La apuesta de Disney –que incorporó a los estudios Pixar en 2009 pero que también produce películas de animación a través de su propio estudio– es casi un ganador asegurado, si es que la sorpresa no llega del otro lado del Océano Pacífico.

Desde Japón, el mayor contrincante de Frozen viene desde la mente del director Hayao Miyazaki y el estudio Ghibli, que en 2013 estrenaron Se levanta el viento y que puede ser la sorpresa de la noche. Miyazaki ya obtuvo nominaciones y hasta un premio de la Academia con la película El viaje de Chihiro en 2002 y en general ha tenido una carrera muy prolífica y elogiada en el campo de la animación.

En 2013 anunció que Se levanta el viento sería su última película por lo que la obtención del galardón podría resultar una suerte de reconocimiento y homenaje a la trayectoria del japonés.

El resto de los nominados tiene menos posibilidades de ganar, pero solamente su mención brinda un buen panorama sobre la apuesta de la industria en ideas nuevas y creativas en lugar de secuelas de secuelas.

Ernest y Célestine es una animación franco-belga basada en una serie de libros infantiles del mismo nombre publicados por la autora e ilustradora belga Gabrielle Vincent. La película se diferencia del resto por su trama llena de ternura y su composición con acuarelas. Con menos chanches se encuentran Los Croods y Mi Villano Favorito 2, de los estudios de animación de Dreamworks e Illumination Entertainment, respectivamente. Aunque entretenidos, los filmes no dan con la talla de ganadores.

Sea cual sea la victoriosa, siempre vale prestar atención a esta rama menos tradicional pero cada vez más completa del séptimo arte. l

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