El resurgir de una banda cooperativa
Tras dos años de un parate, Bersuit Vergarabat hizo cantar y bailar al público de La Trastienda al ritmo del rock, la cumbia y el folklore
Sin roles establecidos. Sin una voz cantante sola. Sin un ídolo que centre todas las miradas. Así es la Bersuit modelo 2013, y así es en realidad desde 2011, cuando Gustavo Cordera abandonó el grupo sin dar explicaciones y la única consigna que quedó en los músicos de pijamas fue seguir estando juntos.
El fruto de eso, entonces, no fue el final de Bersuit Vergarabat sino “La revuelta”, el disco que hace dos años la banda presentó en Buenos Aires. Extrañamente, los músicos que supieron llenar el Velódromo Municipal más de una vez, se tardaron dos años en arribar a una Trastienda bastante concurrida, aunque no repleta.
Bersuit Vergarabat celebra en 2013 sus 25 años de carrera. Por supuesto, no es la misma banda que en 1988 tocaba apenas dos canciones: “Hociquito de ratón” y “Diez mil”.
Esas no sonaron ayer, pero sí otras más conocidas que sirvieron para calibrar el estado actual del grupo. En “Señor Cobranza” –un clásico del grupo que en realidad es una adaptación de una canción de la banda Las Manos de Filippi- la música suena bien distinta a lo que en 2007 se escuchó en vivo: una cumbia a la que no se le caerían los anillos si sonara en el boliche Azabache y después un rock ruidoso, cercano quizá al heavy metal. Las luces intermitentes acompañaban al coro del público en lo que es uno de los temas más representativos de la historia de la banda y, por ende, uno de los picos más notorios de la noche.
Dani Suárez y “Condor” Sbarbati, excoristas e integrantes históricos con destaque en la época de Cordera, son quienes asumen naturalmente la voz de las canciones. Sin embargo, por momentos se los vio con un bajo al hombro y golpeando los platos de la batería. Es que todos hacen de todo en la Bersuit, lo más parecido al cooperativismo hecho banda de rock.
Sin embargo, sigue habiendo actuaciones destacadas: el que se llevó los aplausos por una actuación memorable fue Alberto Verenzuela: que cantó, soleó y se divirtió más que nadie. Por momentos, el porteño se olvidaba algunas líneas de la letra, pifias que resolvía haciendo muecas con la lengua a sus compañeros para divertirlos (“¡esta lista está todo mal!”, vociferó a sus compañeros). En repetidas oportunidades, los ayudantes de escenario se le acercaron para susurrarle cosas al oído y tenderle el instrumento que se olvidaba tras el parlante.
Esta semana, la Bersuit terminó su último disco El baile interior. Así lo dijo Juan Subirá el tecladista de la banda, que será lanzado en febrero de 2014. La banda aprovechó la ocasión para adelantar una versión acústica en homenaje a Luis Alberto Spinetta. “El año que viene nos volveremos a ver cuando presentemos nuestro nuevo disco”, anunció Subirá en la despedida de una fiesta que conservó los preceptos más básicos que definieron a La Bersuit desde su inicio: no tanto el ser contestatario, no tanto la bajada de línea permanente, no tanto la profesionalidad en el sonido y la concepción de un show. Más bien una serie de excusas para celebrar la posibilidad de continuar con un estilo de vida: haciendo música entre amigos y –lo mejor de todo- con un numeroso público que paga para verlos y ser parte de todo eso.