El rico acervo popular de Martirio llega al Solís
La cantante española presenta 25 años en directo, con el que recorre en clave acústica su larga y rica carrera discográfica
La cantante andaluza Martirio repasará esta noche en clave acústica su frondosa carrera musical, un constante viaje de actualización y fusión de una parte de la tradición musical popular española -coplas-, con otros géneros -flamenco, pop, jazz, blues, rap, son, bossa-nova-.
Martirio llega por primera vez a Uruguay para presentar la colección de canciones incluidas en 25 años en directo, un álbum grabado en Barcelona en 2009 que reúne una selección de sus interpretaciones y composiciones más celebradas, fruto de una carrera de 27 años como solista, 39 años en el mundo de la música, 57 años desde que naciera en Huelva con el nombre María Isabel Quiñones Gutiérrez.
Esta noche, en la Sala Principal del Teatro Solís, a partir de las 21h, Martirio repasará su cancionero acompañada al piano de Jesús Lavilla y a la guitarra de su hijo, Raúl Rodríguez.
Inclasificable
La complejidad de Martirio hace de ella una artista inclasificable. Su reconocida capacidad para traspasar barreras y derribar prejuicios queda perfectamente ejemplificada con un somero repaso a su andadura artística. Incluso las muletillas empleadas para referirse a ella son ambiguas y no logran definirla: “Cantante de guardia”, “arqueóloga musical”, ésta acuñada por ella misma.
Es un esfuerzo en vano: ya cuando se inició en la música, en los años 70, fue en una banda, Jarcha, que pretendía recuperar el legado de música tradicional de su región, Andalucía, y enriquecerla con aportaciones de poetas y composiciones propias de alto contenido social.
Esa inquietud inicial la mantuvo Martirio hasta hoy. Su discografía transpira un incesante empeño por recuperar la tradición, rescatarla del olvido -en el caso de la copla, del olvido severo al que la sumió quedar asociada con el régimen franquista-, recuperar lo valioso y darle un enfoque contemporáneo a través de su sensibilidad y prisma.
En España, Martirio se ganó el respeto de la crítica y del público, a pesar de que su talento quedó algo escondido inicialmente por su inclinación por ocurrencias estéticas, como el empleo de las peinetas, un recurso propio de las cantantes folklóricas. Cuando irrumpió con su carrera como solista, en 1986, con el álbum Estoy mala, más de uno interpretó su rehabilitación de la copla por la vía del pop como un divertimento, y se apoyó en su estética, entre pop, bizarra y posmoderna, para concluir que se trataba simplemente de una artista excéntrica.
El tiempo permitió a Martirio acallar tales juicios. Hoy nadie discute el aporte artístico de Martirio a la música popular. Su versatilidad y capacidad de entrecruzar estilos va íntimanente ligada a su amplio conocimiento de los géneros que mezcla.
En realidad, solo por haber formado parte en 1984 junto a Kiko Veneno y los hermanos Raimundo y Rafael Amador (éstos dos de la pionera banda de flamenco-rock Pata Negra) de la formación Veneno, Martirio ya formaría parte de la historia de la música popular española. Pero más allá, su carrera en solitario es una constante aportación al acervo musical popular.
En 1989, con Cristalitos machacaos introdujo jazz y blues. En 1991, se adentró en las llamadas nuevas músicas (una apuesta más experimental) con La bola de la vida y del amor. En 1994 puso en sintonía el flamenco con elementos de blues, jazz, rap, pop, swing y aromas árabes, en He visto color. Con Coplas de madrugá, junto a Chano Domínguez, revisó el género junto al jazz en un álbum brillante. En 1997 giró junto a Compay Segundo por España y Francia, y se empapó de son. En 1999, repasó el repertorio iberoamericano en Flor de piel, en 2002 colaboró junto a Fito Páez para un álbum para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer de mama, y en 2004 publicó Acoplados, un directo con Chano Domínguez. Ese año trabajó junto a Susana Grimaldi, adentrándose en el tango mediante la copla, y en 2007 publicó el alabado Primavera en Nueva York, donde dio pie a la fusión.
El recorrido es ejemplar, y la ocasión, esta noche en el Solís, seguramente única en su género.