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Con la elección de Tabaré Vázquez son seis los presidentes de Uruguay que han tenido el honor de volver al sillón máximo de la administración pública e integran un selecto club de reincidentes en el gobierno.

Son Fructuoso Rivera, Lorenzo Latorre, José Batlle y Ordóñez, Gabriel Terra, Julio María Sanguinetti y ahora Vázquez, aunque se puede argumentar y polemizar de que otros, como Máximo Santos o Juan Lindolfo Cuestas, también lo fueron .

Pertenecieron a épocas diferentes, a contextos diferentes, y les tocó, por diversos métodos, comandar un país siempre inserto en medio de torbellinos internos, a los que se suman los vientos regionales y mundiales. Los cinco primeros fueron colorados; el último, frenteamplista. No obstante, sólo Sanguinetti y Vázquez fueron electos las dos veces por voto directo.

Cronológicamente, el primero fue Rivera, elegido presidente en la sesión parlamentaria del 24 de agosto de 1830. La primera Constitución de la República, sancionada el 18 de julio de ese año, determinaba que el presidente sería elegido de forma indirecta, por los votos de las cámaras de diputados y senadores. Hubo elecciones con votos censitario (no votaban ni mujeres, entre otros inhabilitados) y público, o sea en voz alta, el 1° y el 8 de agosto, y allí los electores eligieron los nueve senadores (uno por cada departamento de entonces) y los 25 diputados. En la sesión parlamentaria del 24, por amplia mayoría, los legisladores eligieron a Fructuoso Rivera, frente a su rival electoral, Juan Antonio Lavalleja. Todavía no había partidos y se votaba directamente la candidatura de una persona. Al término del primer mandato de Rivera, lo sucedió Manuel Oribe, pero hacia 1838, en medio de un ambiente caldeado por las revoluciones internas, Rivera accedió de nuevo a la presidencia ante el retiro de Oribe a Buenos Aires.

Ya en el contexto de la Guerra Grande, durante su segundo período, Rivera apenas pasaba en Montevideo. Dimitió en 1843, cuando sus propios aliados lo declararon traidor y tuvoa que irse al exilio.

En 1876, el general Lorenzo Latorre asumió el poder como “gobernador provisorio” hasta 1879 y luego fue reelecto ese año hasta 1880, cuando renunció denunciando a los uruguayos como “ingobernables”.

José Batlle y Ordóñez fue presidente por primera vez en 1903, cuando luego de sucesivas votaciones en el Parlamento (todavía estaba vigente la Consitución de 1830), un sector del Partido Nacional comandado por Eduardo Acevedo Díaz votó por su candidatura.

Su primera presidencia tuvo como objetivo la pacificación del país luego de la revolución de Aparicio Saravia de 1904, aunque ya comenzaron a sancionarse leyes importantes.

Su segunda presidencia la consiguió en las elecciones de 1911, donde obtuvo una victoria con luz, ya que el Partido Nacional se no presentó. Esta segunda etapa es una de las más recordadas por las profundas reformas sociales y estatales que se denominaron de forma genérica como “batllismo”.

Gabriel Terra fue electo en 1931 y dio un golpe de estado en 1933. Fue reelecto en 1934 en elecciones con candidatos proscriptos.

La primera presidencia de Sanguinetti estuvo signada por la salida del período dictatorial entre 1973 y 1985.

Sanguinetti fue elegido bajo el eslogan “El cambio en paz”, en elecciones que tuvieron la proscripción de Wilson Ferreira y Líber Seregni.

Enfrentó un período de crisis económica y heridas emocionales y jurídicas del período de facto que no terminaban de cerrar.

Su segunda victoria, en 1994, fue de las más ajustadas de la historial electoral nacional. Inició un gobierno de coalición que profundizó reformas de la educación y se encontró hacia el final con una profunda crisis en Brasil.

El final de esa crisis encontró a Tabaré Vázquez por primera vez con la banda presidencial cruzada en su pecho, en 2005, luego de haber obtenido más de la mitad de los votos en octubre de 2004. Su primera presidencia disfrutó de un enorme crecimiento económico y tuvo en el conflicto con Argentina por la planta de celusosa su principal hecho internacional.

La victoria de ayer de Vázquez lo deja de cara a un segundo mandato con enormes desafíos a nivel de infraestructura y reformas, en áreas clave como educación y seguridad, en un contexto internacional que según los analistas detiene su expansión económica.
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