En esta época en la cual abundan los eventos, los programas de apoyo privados y gubernamentales, las organizaciones, las fundaciones, los capitales ángeles y las personas dispuestas a “ayudar” a los emprendedores, considero que tenemos la obligación de hacernos la tan delicada pregunta que nos ayude a comprender si todo lo que nos ofrecen, nos cuentan, y nos parece que ocurre, es verdad.
La gran verdad en principio, es que todos esos programas, organizaciones, fundaciones, personas dispuestas y muchas cosas más, existen y están a disposición de los emprendedores.
Claro, ahora se abre la misma pregunta pero orientada a los resultados. Es decir, por lo general, por no decir siempre, las noticias que recibimos son las asociadas al éxito, o por lo menos a la gran idea, negocio o emprendimiento que es apoyado de alguna forma.
Seguramente ustedes, al leer estas preguntas ya están delineando las respuestas lógicas: obviamente no todos son exitosos, no todos se ajustan a lo planificado y no todos obtienen los resultados esperados.
El porqué no es uno solo. Son muchos los factores que colaboran para que no se llegue al “final feliz”, al objetivo soñado por el emprendedor, y vaya si hay sueños recurrentes en los emprendedores que una y otra vez visualizan aquella gran idea y la moldean casi a diario.
Pues bien, está claro que la elección de quien acompañe en determinada etapa del emprendimiento, digamos el “socio ocasional” (programa, fundación, etc., eso sí, por ocasional no debe despreciárselo), es muy similar a la elección de un proveedor estratégico de nuestra organización.
Tan es así, que el éxito o el fracaso de nuestro emprendimiento puede ir de la mano de esa decisión, dependiendo por supuesto del grado de influencia del “socio” en nuestra organización.
Para ello lo fundamental empieza por casa, y por saber si estamos preparados, antes que nada, para presentarnos ante el “socio” y utilizar los elementos que nos ofrece.
En el caso de los programas de ayuda o cofinanciación, la formulación del proyecto, su seguimiento, así como el orden administrativo, financiero y de gestión, son los elementos que nos vemos obligados a manejar con mucho profesionalismo.
El cuidado extremo también pasa al momento de la formulación, por poner un gran cuidado en la definición de los resultados esperados, no solo para que éstos sean alcanzables, sino que también para que los mismos puedan ser medibles y correctamente presentados.
Para otros casos, donde el concepto que estamos utilizando de “socio” se acerca mucho más a la realidad –ya que en estos casos la inversión, la participación u otras fórmulas, son las utilizadas para el desarrollo del emprendimiento– las condiciones estructurales de nuestra organización pasan a ser fundamentales para recibir y aprovechar debidamente ese tipo de ayudas.
Finalmente y como consecuencia de todo lo antedicho, el estar bien preparados hará más sencilla la elección de nuestro “socio ocasional”. No debemos esperar todo de ellos ni tampoco colocarlos en un plano secundario. La verdadera habilidad está en darles el lugar adecuado, y para esto sin dudas que no existen fórmulas, nadie mejor que nosotros, los emprendedores, para saber de nuestro emprendimiento.
Un último consejo: no dejen de utilizar, siempre que sea en forma honesta y adecuada, todos los elementos que hoy tienen al alcance. Son muchos, variados y muy buenos. Los resultados son aún mejores si la elección y el proceso también son los adecuados, sin olvidar una frase anónima que me acompaña desde hace muchos años: “el fracaso comienza cuando el esfuerzo termina”.
En esta época en la cual abundan los eventos, los programas de apoyo privados y gubernamentales, las organizaciones, las fundaciones, los capitales ángeles y las personas dispuestas a “ayudar” a los emprendedores, considero que tenemos la obligación de hacernos la tan delicada pregunta que nos ayude a comprender si todo lo que nos ofrecen, nos cuentan, y nos parece que ocurre, es verdad.
La gran verdad en principio, es que todos esos programas, organizaciones, fundaciones, personas dispuestas y muchas cosas más, existen y están a disposición de los emprendedores.
Claro, ahora se abre la misma pregunta pero orientada a los resultados. Es decir, por lo general, por no decir siempre, las noticias que recibimos son las asociadas al éxito, o por lo menos a la gran idea, negocio o emprendimiento que es apoyado de alguna forma.
¿Qué ocurre después? ¿Son todos exitosos? ¿Todos realizan lo planificado y obtienen los resultados esperados?
Seguramente ustedes, al leer estas preguntas ya están delineando las respuestas lógicas: obviamente no todos son exitosos, no todos se ajustan a lo planificado y no todos obtienen los resultados esperados.
El porqué no es uno solo. Son muchos los factores que colaboran para que no se llegue al “final feliz”, al objetivo soñado por el emprendedor, y vaya si hay sueños recurrentes en los emprendedores que una y otra vez visualizan aquella gran idea y la moldean casi a diario.
Pues bien, está claro que la elección de quien acompañe en determinada etapa del emprendimiento, digamos el “socio ocasional” (programa, fundación, etc., eso sí, por ocasional no debe despreciárselo), es muy similar a la elección de un proveedor estratégico de nuestra organización. Tan es así, que el éxito o el fracaso de nuestro emprendimiento puede ir de la mano de esa decisión, dependiendo por supuesto del grado de influencia del “socio” en nuestra organización.
Para ello lo fundamental empieza por casa, y por saber si estamos preparados, antes que nada, para presentarnos ante el “socio” y utilizar los elementos que nos ofrece.
En el caso de los programas de ayuda o cofinanciación, la formulación del proyecto, su seguimiento, así como el orden administrativo, financiero y de gestión, son los elementos que nos vemos obligados a manejar con mucho profesionalismo.
El cuidado extremo también pasa al momento de la formulación, por poner un gran cuidado en la definición de los resultados esperados, no solo para que éstos sean alcanzables, sino que también para que los mismos puedan ser medibles y correctamente presentados.
Para otros casos, donde el concepto que estamos utilizando de “socio” se acerca mucho más a la realidad –ya que en estos casos la inversión, la participación u otras fórmulas, son las utilizadas para el desarrollo del emprendimiento– las condiciones estructurales de nuestra organización pasan a ser fundamentales para recibir y aprovechar debidamente ese tipo de ayudas.
Finalmente y como consecuencia de todo lo antedicho, el estar bien preparados hará más sencilla la elección de nuestro “socio ocasional”. No debemos esperar todo de ellos ni tampoco colocarlos en un plano secundario. La verdadera habilidad está en darles el lugar adecuado, y para esto sin dudas que no existen fórmulas, nadie mejor que nosotros, los emprendedores, para saber de nuestro emprendimiento.
Un último consejo: no dejen de utilizar, siempre que sea en forma honesta y adecuada, todos los elementos que hoy tienen al alcance. Son muchos, variados y muy buenos. Los resultados son aún mejores si la elección y el proceso también son los adecuados, sin olvidar una frase anónima que me acompaña desde hace muchos años: “el fracaso comienza cuando el esfuerzo termina”.