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Desde hace una década los productos primarios han mostrado precios excelentes y stocks muy bajos. Los analistas han dado en llamar a esta etapa el superciclo de las commodities y muchos auguran su próximo fin.

Yo no comparto ese enfoque aunque es bien razonable que en una onda larga positiva y ascendente se produzcan ondas menores de signo opuesto.

En mi opinión, claramente el gran motor detrás de la fuerte demanda de estos productos es la evolución de la población humana. Hace dos milenios, cuando Jesús caminó en esta tierra, el planeta contaba con un millón de personas; cuando Marx publicó su Manifiesto, hace un siglo y medio, había 250 millones de personas; hoy somos unos 7.000 millones y para 2050 seremos cerca de 10.000 millones. El planeta deberá producir en cuatro décadas 50% más de alimentos que lo que produjo en la historia de la humanidad.

Para mí, la única forma de transmitir con efectividad la orden de producir tanto más tan rápido es a través de precios buenos y crecientes. La demanda esta volando no solamente por el crecimiento acelerado de la población sino también por la migración masiva a las ciudades y por el cambio hacia dietas con mucha proteína animal (lo que a su vez requiere de mayores cantidades de granos). Además el ingreso de la gente esta creciendo sobre todo donde hay una elasticidad de ingreso de la demanda muy alta como en los países asiáticos, o sea donde un aumento de ingreso se traduce en un aumento más fuerte de la demanda de commodities. Todo cambio en dos décadas: en 1978 Deng Xiaoping trajo a China al mercado; lo mismo hizo Singh con India en 1991; en 1993 terminó en Marrakesh la ronda Uruguay del GATT y cambió la Política Agrícola Común de Europa y en los años 2000 llegaron los biocombustibles.

Por el lado de la oferta, la respuesta puede llegar produciendo más en las hectáreas que ya producen, incorporando nuevas hectáreas a la producción o por una combinación de las dos anteriores. El primer aspecto corresponde al cambio tecnológico que fue el que hizo errar a Malthus cuando a su tiempo pronosticó hambrunas por aumento de la población. Hace un par de décadas, los rendimientos de los cultivos aumentaban entre 4% y 5% anual; hoy en día el aumento ha bajado a alrededor de 1,5% anual; la tecnología nos sigue ayudando pero a tasas decrecientes.

En cuanto a nuevas tierras que entren en producción, resulta que desde 1960 el número de hectáreas arables en producción per cápita viene decreciendo sin parar, así que por el lado de mayores cantidades de hectáreas disponibles relativas a la población no recibimos auxilio. Para colmo venimos perdiendo aceleradamente hectáreas muy productivas para usos urbanos; se calcula que hoy entre 4% y 5% de la tierra útil del planeta está bajo asfalto. Además la erosión, la contaminación y los problemas de disponibilidad de agua vienen reduciendo las áreas productivas.

Todo lo anterior me lleva a pensar que no es posible un ciclo largo de exceso de oferta y precios bajos de las commodities, todo lo contrario. En cambio sí es factible un ciclo corto de dólar más fuerte, precios de commodities más bajos por ese factor y por una conjunción de buenas cosechas en todos lados a la vez. Pero la tendencia a mediano y largo plazo, a mi juicio, será de precios excelentes, con picos que romperán records en cada subida. Esta buena performance de las commodities en sus precios se capitalizará en los precios de la tierra, donde se capturan también las mejoras de toda la cadena: si la genética mejora rendimientos o baja costos, la tierra capitaliza estas ventajas; si la infraestructura o la logística mejoran, la tierra capitaliza también estas ventajas, y así siguiendo. Pero esto no durará para siempre, como todo en la vida; hacia 2150 el planeta contará con entre 3 y 4 mil millones de personas; será un planeta verde, donde solo los mejores productores en las mejores tierras producirán a costos muy bajos.

Así que Uruguay como productor de commodities debe aprovechar las dos generaciones que tenemos por delante de precios extraordinarios para pasar a ser un país que produzca inteligencia en la generación de nuestros bisnietos. Todo un desafío para nuestros líderes presentes y futuros.

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