ver más

En una noche muy calurosa, lejos de las lluvias que el viernes pasado vieron el final de Harry Potter en Londres, Brasil homenajeó a uno de los personajes de aventuras más queridos por los chicos y los no tanto.

El escenario fue bastante insólito. Un “Mad-eyed Moody”, personaje de la saga bastante reconocible por contar con un ojo de madera, caminaba con un bastón pesado e interrumpía un duro duelo de varitas entre Harry y Lord Voldemort, su eterno enemigo. Mientras un Dumbledore resucitado –el magnánimo director del colegio Hogwarts no llega al final de la franquicia- pavoneaba su característica y larga barba blanca por la explanada del Pan de Azúcar de Río de Janeiro. Solo una parte de lo que los fans latinos prepararon para su ídolo.

En un evento único, la productora Warner Bros. logró montar para esta avant premiere una pantalla gigante sobre uno de los cerros más característicos de la ciudad carioca. En la previa, de unas ocho, nueve o quién sabe cuántas horas –los más tempraneros ni miraron el reloj a la llegada-, cientos de fanáticos se desparramaron frente a la puerta del teleférico, encargado de llevarlos hasta la cima.

La escena arriba cambiaba poco. Los Harry-fanáticos seguían conjurando encantamientos o pintándose las caras de acuerdo a los colores de su casa en Hogwarts, mientras decenas de periodistas se apilaban contra las barreras de seguridad, preparándose para capturar una toma del invitado especial, el actor Tom Felton, para los entendidos, Draco Malfoy. El británico, pisando por primera vez suelo brasileño, interpreta con solo 23 años a uno de los más odiados rivales de Potter.

La variada masa de fanáticos, por el contrario, no presentó objeciones a la hora de dar declaraciones. Gustosos de confesar qué tan afectados estaban por lo que para muchos es, después de ocho películas y 10 años, el fin de una era.

Una joven, muy pelirroja, dice estar disfrazada de Ginny, la afortunada novia del protagonista en la exitosa serie de J.K. Rowling. Entre exultante y nostálgica le comenta a El Observador en un portugués cerrado: “No sé qué va a ser de mi vida después de que todo esto acabe…”

Deborah es periodista y viene de San Pablo. Le tocó cubrir el evento como una cosa del azar, pero no tan “por casualidad” es el tatuaje que se lee en su antebrazo: Expecto Patronum. “Me lo hice después de sufrir una grave depresión. Y dije: No, esto no me va a volver a pasar”. Ese nombre, tan rimbombante, es un hechizo Potter, claro, y se usa para alejar a los Dementores, esos monstruos horribles que le chupan a uno el alma.

Seguí leyendo