El vicepresidente
La función es muy compleja e importante, aunque a veces no se la considere
Los candidatos de dos de los tres grandes partidos políticos se han tomado su tiempo para el análisis y la consulta al interior de sus colectividades para definir el nombre de quién completará la fórmula presidencial para las elecciones del 27 de octubre. Es una decisión compleja y sensible a la unidad partidaria. Mal resuelto, puede provocar una dañosa confrontación.
Ayer, el presidenciable del Frente Amplio, el exintendente de Montevideo Daniel Martínez, se encaminó a elegir a dos mujeres de su confianza política para la fórmula: Graciela Villar y Mercedes Clara. Hoy, antes de iniciar un viaje al exterior este sábado, anunciará cuál de las dos será su compañera. Ninguna de las dos ha tenido demasiada visibilidad pública. Villar fue presidenta de la Junta Departamental y en las internas trabajó para la campaña de Mario Bergara.
El colorado Ernesto Talvi, en tanto, da pasos más despacio, pese al fuerte respaldo que obtuvo su liderazgo renovador, porque de las urnas también emergieron corrientes batllistas que tendrán un papel importante de cara a las elecciones en primera vuelta.
Solamente el blanco Luis Lacalle Pou anunció rápidamente el nombre de Beatriz Argimón como la candidata a la vicepresidencia, como escribimos ayer.
Suele menospreciarse el cargo del vicepresidente o vicepresidenta con el argumento de que no forma parte del Poder Ejecutivo y por ello, en lo estrictamente formal, no tendría incidencia en la gestión de un gobierno.
Pero basta con repasar episodios de nuestra historia reciente para darse cuenta de que es una figura que reviste de importancia; puede llegar a convertirse en jefe de Estado en caso de vacancia temporal o permanente del jefe del Estado.
La sintonía política –y la lealtad– entre el presidente y el vicepresidente es esencial para la estabilidad de un gobierno, máxime en épocas aciagas como, por ejemplo, la que sufrió el país en la crisis de 2002. Entonces, el trabajo mancomunado del extinto presidente Jorge Batlle y el vicepresidente Luis Hierro, contribuyó a que no volcara el barco institucional. La crisis del gobernante Frente Amplio con la salida del vicepresidente Raúl Sendic es otro ejemplo que refuerza la idea de la relevancia del compañero de fórmula de un candidato.
En general se acepta que lo más atractivo desde el punto de vista electoral es la complementariedad del postulante a vicepresidente en relación al perfil del candidato presidencial único. Debe contribuir a retener a la dirigencia de otras fracciones del partido, de cuyo compromiso también depende el grado de convocatoria a los votantes. Pero además tiene que ser un nombre atractivo para captar a electores indecisos o de otras tiendas partidarias.
Pero lo más relevante es la aptitud del segundo al mando como articulador entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Como presidente de la Asamblea General y de la Cámara de Senadores tiene que tener las mejores condiciones políticas para liderar las negociaciones con las diferentes bancadas parlamentarias en las instancias de consideración de los proyectos de ley que impulsa el gobierno. Y esta función política se agiganta cuando la administración no cuenta con una mayoría legislativa, lo que es casi un hecho que emerja de las elecciones de octubre, según proyectan analistas de opinión pública.