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Poco después de que abren los comercios cada día en Palmer Square, en la acaudalada Princeton, Nueva Jersey, generalmente hacen su aparición algunos todoterreno Land Rover LR3. Lo más probable es que quienes los manejan sean mujeres. Si por casualidad se oye el rugido de un Hummer H2, hay un 80% de probabilidades de que el conductor sea un hombre.

Y si Ud. piensa que no es así, pregúntele a un amigo si conduciría un Cadillac rosado -el auto con que antes se premiaba a las vendedoras más exitosas de cosméticos Mary Kay-, incluso si se lo regalaran. Elvis Presley puede haber sido la excepción: un modelo blanco y rosado de 1954 fue el primero de los muchos Cadillac que tuvo.

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Lo que no tienen los hombres. Los varones tienen que ser más seguros para conducir un vehículo caracterizado como de preferencia femenina. En la década de 1970 conducir un Toyota Corolla de color turquesa pálido -un auto muy confiable- podía dar lugar a ser tratado de mariquita. Toyota finalmente comprendió que los autos turquesa podían causar peleas a puñetazos en Estados Unidos y suspendió su importación.

La marca Jeep quiere ser de aventura y rústica. De manera que DaimlerChrysler emprendió una modificación menor, en parte para que el aspecto del Liberty fuera más aguerrido. Cambió el frente con parrilla, paragolpes, focos y luces para niebla nuevos, dándole una apariencia más fuerte.

"Estoy dispuesta a conducir tanto autos de varones como autos de mujeres", dijo Diane Swonk, economista jefa de Mesirow Financial, una firma de inversiones y servicios de intermediación con sede en Chicago. "Las mujeres han logrado la independencia financiera. Tengo un auto de madre, un Cadillac SRX (camioneta rural). Tenía un CTS (sedán) y quiero manejar un Corvette", que según GM compran los hombres el 85% de las veces.

La diferencia en sueldos se ha achicado. En estos días las mujeres se interesan más en caballos de fuerza y no dependen tanto de novios o esposos.

(Bloomberg, especial para El Observador)

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