ver más

El nuevo discurso del líder opositor argentino, Mauricio Marci, generó ironías en el gobierno y desconfianza en los aliados. El trasfondo: las encuestas que muestran un temor de la población a un cambio drástico del modelo económico.

Hay un tema excluyente en el debate político argentino luego de las elecciones porteñas de la semana pasada: si Mauricio Macri dejó de ser el que siempre fue y "kirchnerizó" sus posturas sobre la economía.

El disparador fue el discurso que pronunció tras la victoria con gusto a derrota de su partido PRO en su "cancha" de la ciudad de Buenos Aires.

Allí, para sorpresa de muchos, Macri dijo que, de ser electo presidente no modificará el costoso régimen de planes sociales para sectores desfavorecidos ni reprivatizará el sistema jubilatorio, así como también mantendrá en manos estatales Aerolíneas Argentinas y la petrolera YPF.

"No sabía si el que hablaba era Macri o el candidato del Frente Para la Victoria", ironizó, por su parte, Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta que se postula como diputado por Santa Cruz.

Los encuestadores de opinión pública han hecho su diagnóstico: Macri se rindió a la evidencia de que la Argentina es un país estatista. A fin de cuentas, como dice el propio manual del PRO, dos de cada tres familias tienen algún ingreso proveniente del Estado.

Y cualquier propuesta de cambio, en ese entorno, es vista con desconfianza. Las encuestas son contundentes al respecto: el 38,8% de los argentinos quiere que el próximo gobierno "cambie unas pocas cosas y mantenga la mayoría", frente al 25,5% que prefiere que "cambie la mayoría de las cosas y mantenga algunas pocas".

Temas:

elecciones argentina 2015 Marcri Argentina Mauricio Macri Macri

Seguí leyendo