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Vida complicada la de Diego Forlán. Con el éxito deportivo, con sus goles y sus títulos su fama trepó a extremos impensados, y aquella costumbre de andar libre y suelto por cualquier rincón cuando todavía jugaba en las juveniles de Peñarol, incluso cuando seguía aprendiendo en las juveniles de Independiente de Argentina, es algo cada vez más utópico. ¿Usted se imagina si por un instante Diego debe ir a renovar la libreta de conducir a la Intendencia de Montevideo? Sería un caos. O si tiene que hacer una diligencia y caminar dos cuadras por 18 de Julio... ¡se revolucionaría el centro! Son detalles que el común denominador de la gente no se detiene a pensar. Pero Forlán los tiene que medir.

Hace años ya pasó a ser blanco de fotógrafos y periodistas del mundo entero. Y las reglas cambiaron... por esa razón el sábado en el Hotel Intercontinental de Mendoza salió custodiado por tres personas de la conferencia de prensa. Además, cuando estaba ahí frente a los periodistas acreditados en la Copa América aparecieron funcionarios del hotel simplemente para verlo. Con eso se daban por satisfechos. Al margen de que diga públicamente que sigue viviendo como siempre, queda claro que Forlán vive en el mundo de las estrellas y no puede andar como cualquier otro terráqueo.

Salvando las distancias, cuando Diego Armando Maradona jugaba en Argentina, Bilardo hacía desayunar al equipo en un lugar y el 10 estaba solo en otro porque de lo contrario no comía nadie.

El sábado fue el primero en presentarse en la conferencia de prensa. Tenía claro que la pregunta lo estaría esperando. La charla venía de fútbol hasta que dijeron: “Últimas tres preguntas”. Y le tiraron la granada arriba de la mesa: “Diego, esta semana en Perú estuviste más en los medios porque rompiste tu relación con Zaira Nara que por el fútbol”. Nada que ver con la Copa América de Argentina. Pero había que responder. Y la respuesta fue para terminar de una vez con el tema: “Es clarísimo el tema. A ver, uno entiende que es conocido y que esta expuesto, pero la relación no perduró y tomé la decisión de no continuar”.
Al margen del tema con su ex novia, que para colmo de males viene a realizar un desfile en el shopping que está frente al hotel de Uruguay y se alojaría ahí mismo, Forlán tiene un imán especial.

Cuando se retiró de su primera conferencia de prensa salió custodiado por tres personas de seguridad. ¡Sí, tres se lo llevaron! El funcionario de la Asociación Uruguaya de Fútbol y dos del hotel que se pararon a los costados del rubio delantero. Era lógico: se dieron cuenta lo que había sucedido, lo que pasó cuando Diego se paró al finalizar la charla. Los fotógrafos peruanos se pararon y lo arrinconaron contra la pared. Uno le tiró una camiseta para firmar. Una locura.

A Forlán ya le pasó esto mismo en el Mundial de Sudáfrica del año pasado cuando en una tarde libre del plantel, en la perdida Kimberley –que estaba fuera del circuito y el ruido mundialista– los jugadores se fueron de shopping y mientras todos disfrutaban una jornada diferente, el 10 se debió esconder y regresar al hotel a los pocos minutos.
Queda claro que en Mendoza no sale ni al lobby del hotel. No lo puede hacer. A Diego le está sucediendo lo que vivió cuando fue compañero de David Beckham en Manchester United. “Un día fuimos a un Pizza Hut porque quería comer algo ¡y se armó un revuelo!”.
El 10 tiene clara la película y aprendió a convivir con esta fama a cuestas. El 31 de mayo, en una entrevista que El Observador le realizó a Forlán en Madrid, dijo: “Tenés que elegir el momento más que el lugar, porque podés ir a todos lados, pero lo que vayas a hacer o ver en ese momento probablemente no lo vas a hacer tranquilamente. Por esa razón tenés que elegir el momento para disfrutar, sino lo mejor es quedarte en tu casa. Después de tanto tiempo aprendés a convivir con eso. Por ejemplo: en los días feriados o fines de semana es impensado ir al cine. Pero mirá que hay jugadores a los que no les molesta y van en cualquier ocasión, aunque no es mi caso. Fijate: el último fin de año estuve en Punta del Este y a la playa no pude bajar, aunque me hubiese gustado”.

Pero la historia terminó con Diego en la casa: “Entonces, para ver si podía bajar, fui como a las 8 de la noche, pero era un domingo, estaba lleno de gente y no pude disfrutar con los amigos el atardecer, charlando, pasando el rato con ellos. Y me volví a casa. Es como en todo. Nosotros somos personas que estamos en una vidriera y la gente quiere saber y ver”.
Con los goles, el pase a Manchester United, la llegada a Villarreal, con los Pichichi, el salto a Atlético de Madrid, el fútbol jugando en su máximo expresión, con el reconocimiento como mejor jugador del Mundial de Sudáfrica, con actuaciones que recogieron aplausos de propios y extraños, lentamente la vida cambió para Forlán hasta llegar hasta este presente. Es cierto que mantiene las mismas costumbres, los amigos, las salidas, pero ya no puede vivir como antes, porque dejó de ser un humano más y se transformó en una estrella. Su sola presencia en la calle es sinónimo de escándalo.

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