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Hollywood fagocita. Hollywood absorbe y escupe en forma de enlatado. Es una bestia industrial que, más allá de todas las crisis habidas y por haber, no se detiene. Y cuando capta una buena idea que anda flotando por ahí o dio resultado en otro contexto, la adapta y la rehace, colocando elementos “locales” que sustituyen a aquellos “foráneos”.

En general, las versiones estadounidenses de buenas películas extranjeras fallan de forma irremediable. Incluso cuando pueden ser éxitos de taquilla, pero en la comparación quedan muy lejos.

Estos vienen al caso porque hace unos días fui con mi hija de 11 años a ver Una familia numerosa, una comedia protagonizada por el actor (de comedias) Vince Vaughn. Los 11 años son una edad bisagra para el cine, a medio camino entre la adolescencia que no ha llegado y la niñez que se está yendo, lo que traducido a la cartelera local significa que 12 años de esclavitud es muy violenta y Frozen muy infantil. La conclusión: Una familia numerosa.

Para mi sorpresa, la película no me pareció mala. Quizá porque mentalmente uno a una comedia le perdona mucho más que a un filme que pretende ser más profundo y serio, y falla. El caso es que Delivery man (ese es su nombre original) es una película a todas luces simpática y con un par de situaciones bastante bien resueltas. Pero lo más interesante es su premisa base, que sin ser metafóricos, podríamos denominar como seminal. Narra la desordenada vida de David Wozniak (Vaughn), el hijo de un inmigrante polaco que reparte carne de la carnicería familiar. Un día se entera, a través de un abogado que golpea su puerta, que es el padre de 533 hijos. ¿La razón? Veinte años atrás, para salir de deudas, había donado esperma a una clínica de fertilización y por un error de los médicos su semilla se esparció por el país. Ahora, casi 150 de ellos reclaman conocer su identidad y se organizan para encontrarlo.

La película es un remake de un filme canadiense llamado Starbuck (seudónimo utilizado por Wozniak cuando donó semen a la clínica). La dirección de esta película corresponde al canadiense Ken Scott, quien también dirige Una familia numerosa. Este detalle no es menor, ya que el método de Hollywood es darle la dirección a otro, que destroza el original. Aquí entonces el remake es casi un calco de la anterior (por lo menos, es lo que se puede ver en el tráiler). La idea pegó tan bien que los franceses decidieron hacer su propia versión, estrenada en 2013, dirigida por Isabelle Doval y titulada Fonzy.

Pero me interesa ir al germen de la historia. El guión es del propio Ken Scott, y surgió de un grupo de comediantes quebequenses que él integraba, llamados Les Bizarroides. Además, su vínculo con el mundo de la imagen y el cine es particular. Según su biografía en la página francesa de Wikipedia, comenzó haciendo un curso de escenografía y luego dirigió publicidad de quesos para la Conaprole canadiense. Después su carrera se volvió más compleja, cuando actuó en una película donde interpretó a un publicista partidario de la independencia de Quebec del resto de Canadá. Scott debutó en la dirección en 2008 con una comedia, Les doigts croches. Y en 2011 obtuvo el gran suceso interno con Starbuck que lo hizo saltar al mundo y llegar a Hollywood.

El éxito de esta idea lo llevará seguramente a seguir filmando. Hay que estar atento al nombre de este hombre que puede llegar a darle un soplo de aire fresco a un género que tiende a repetirse en fórmulas manidas y previsibles.
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