Si uno se fija en las crónicas que en los últimos años han publicado los diarios luego de cada premio José Pedro Ramírez encontrará muy pocas diferencias. Y esto no es azaroso pese a que se trata de un juego. Sucede que las carreras de caballos en Maroñas -y sobre todo las que se corren el 6 de enero- son una especie de liturgia de la que participan casi siempre las mismas personas aunque el nombre de los caballos -y sobre todo el del ganador del premio principal- ofrezca algunas variantes”.
Así empezaba la crónica publicada el sábado 7 de enero en El Observador luego de que Alcázar ganara el premio José Pedro Ramírez del 2012.
En Maroñas jugaron los grandes pero más se divirtieron los niños
Este 6 de enero, en el Hipódromo los organizadores apostaron a entretener a los más chicos