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De pronto, a la distancia, se inicia una aglomeración de gente. Parado en una valla, un hincha con una camiseta blanca de Jordania empieza a arengar. El ómnibus de Uruguay se detiene en el estadio Internacional de Amán. La gente se enloquece. Los jugadores de los celestes bajan del ómnibus y estalla la locura.

Los hinchas desbordan la barrera. La Policía se ve abrumada. Gritos y más gritos. El Observador es testigo privilegiado del acontecimiento. Los hinchas del rival enloquecidos por una firma o una foto con Cavani o Suárez.

Los jugadores de Uruguay entran al escenario. Aparece la Policía. Caos. Vuela algún palo y El Observador se ve envuelto en medio de la revuelta. Lentamente los ánimos se apaciguan. Pero esta gente parece no tener límites.

En eso aparece uno de los encargados de prensa de la AUF, Ernesto Ortiz, y por lo bajo dice: “Vamos por aquella puerta, la lateral. Vamos a intentar que ingrese solo la prensa uruguaya”. Pero la jugada es imposible.

Los hinchas parecen moscas tras la miel. Cuando los periodistas uruguayos enfilan rumbo a la referida puerta una especie de maratón humana se traslada detrás.

Se llega al portón de ingreso y quedan todos apretados. Gritos, nerviosismo. Y gente que se suma sabiendo que están Suárez y Cavani, los principales polos de atracción de los jordanos.

En determinado momento se mueve el portón y el caos estalla.

Una avalancha humana se lanza contra los escasos policías que custodiaban la puerta. Una locura. Como puede, el periodista entra al escenario donde todos los comunicadores son acomodados detrás de un arco.

En esa zona, Celso Otero, uno de los asistentes de Tabárez y entrenador de goleros, trabaja con los guardametas. A los pocos minutos, la misma persona que en horas de la tarde comandó el ensayo de los niños que saldrán a la cancha con las banderas de ambos países da una orden. “¡No flash, no flash!”, grita con vehemencia y hasta discute con algún periodista jordano.

Afuera suenan las sirenas de la Policía. Se escuchan gritos. Evidentemente algo pasaba.

Hasta que todo vuelve a la normalidad.
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