La deformación en textos de enseñanza es un viejo problema en muchos países que, por ejemplo, idealizan de manera simplista como héroes a figuras históricas, soslayando sus errores políticos o sus fragilidades humanas. En Uruguay la situación es más grave. Recurrentemente se les va la mano a sectores que producen materiales presuntamente didácticos pero obviamente dirigidos a imbuir en los estudiantes visiones ideológicas tendenciosas o concepciones morales objetables, como ha ocurrido en los últimos cuatro años.

La elección de libros de estudio debe reconocer dos categorías, de acuerdo a la edad de los alumnos. Con los de poca edad, especialmente en Primaria, corresponde utilizar textos únicos y equilibrados, que reconozcan la limitada capacidad de discernimiento en ese nivel etario. Cuando la edad indica mayor solidez de evaluación, probablemente en bachillerato, es razonable que se les permita sopesar y escoger entre materiales que representan puntos de vista y conceptos diferentes. Pero aun en este caso es indispensable un mínimo de prudencia docente en los textos que utilizan o recomiendan.

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En este requerimiento ineludible es donde se han producido claudicaciones. La más reciente fue la aparición de un libro de historia orientado hacia intereses partidarios, tan retrógrados como equivocados, de algunos sectores de izquierda. Su texto no solo erra al describir al “neoliberalismo” como “una escuela de pensamiento económico” que relega la justicia, la igualdad y la libertad. Este disparate conceptual del libro de la editorial Santillana se agrava con la afirmación de que es dudoso que hayan sido “democráticos” los gobiernos colorados y blanco que siguieron a la dictadura militar. A esas administraciones se les pueden asignar errores de diferente tipo, pero es delirante argumentar que no fueron pilares de la democracia que el país reconquistó.

Antes, en 2011, el Consejo Directivo Central (Codicen) de ANEP debió retirar el libro de Ciencias Sociales para escolares de sexto año, que había editado el Consejo de Educación Inicial y Primaria, porque violaba la laicidad y promovía el adoctrinamiento político al hacer propaganda partidaria e ideológica con imágenes del Che Guevara y del actual presidente Tabaré Vázquez. Y el año pasado el Codicen descartó acertadamente la distribución de una guía de educación y diversidad sexual. Este material, preparado en el Ministerio de Desarrollo Social con participación de otras organizaciones, inducía en niños y adolescentes comportamientos sexuales que un mínimo respeto a valores morales reserva a personas adultas.

El Ministerio de Educación y Cultura parece estar tomando finalmente cartas en el asunto. Juan Pedro Mir, director de Educación de esa cartera, informó a El Observador que se está elaborando una política nacional en materia de textos educativos en todas las áreas de enseñanza. Dijo que, sin violar la autonomía de los organismos educativos, es necesario que los enfoques y contenidos de los materiales de estudio se adapten a la edad de los alumnos en cada materia. Concluyó que “todos los países serios toman los materiales educativos como una política de Estado, para evitar que a los gurises se les lave la cabeza”. Es indispensable que este propósito se concrete para que el Estado empiece a enseñar mejor y se termine con las desviaciones y los lavados de cabeza.

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