20 de agosto de 2026 5:00 hs

Hace dos años, cuando lo llamaban de un colegio para pensar una actividad de prevención sobre crianza digital, Juan Pablo Cibils se reunía con padres de bachillerato: chicos que ya tenían el dispositivo. La última vez que fue, el encuentro fue con padres de inicial, de jardín.

Cibils, más conocido como "Chopo", es psicólogo, trabaja en un colegio de Montevideo y en un consultorio, donde acompaña a adolescentes y a adultos jóvenes. Acaba de publicar Adolesienten, que está en todas las librerías del país y en versión digital, un libro que busca ayudar a padres y adolescentes a navegar en las caudalosas aguas de internet.

Sobre crianza digital, el rol de los padres, la IA como psicólogo y mucho más, conversó con El Observador.

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No lo vi, pero me hace acordar a lo que me pasa ahora. Antes me invitaban de un colegio a pensar una actividad que generara prevención desde la crianza digital y era para padres de adolescentes de bachillerato, que ya tienen dispositivo. Hoy me llaman para arrancar mucho antes: la última vez fue con padres de inicial, de jardín.

Creo que ahora ya está instalada esta idea de decir: "Estamos todos de acuerdo en que antes de entregarle el dispositivo al niño es importante construir un acuerdo, hacer un contrato previo, ver cómo se va a usar". No entregarle la herramienta por entregarla, sin que antes haya existido esa conversación en la casa. Hoy entiendo que estamos bastante alineados con eso. Con ChatGPT creo que la estamos corriendo de atrás, pero imagino que vamos hacia ahí.

¿Querés que tu hijo empiece a usar la herramienta libremente? Perfecto, pero que antes haya existido esa conversación previa, también en el centro educativo donde está, para ver cómo se usa y para poder reflexionar sobre eso.

En el fondo todo pasa por lo mismo: cómo desarrollar esa mirada crítica, que para mí es lo más importante. Cómo tener una mirada más crítica y más reflexiva sobre el uso que ellos hacen como usuarios, en un contexto donde son adolescentes que están 100% en construcción. Si a nosotros los adultos nos cuesta, que deberíamos tener un cerebro más elaborado para filtrar y pensar las cosas de otra forma, imaginate lo que será en un chiquilín de 12.

Educar más que prohibir.

Hay una analogía del (sociólogo uruguayo) Matías Dodel que compara cercar una piscina para que los niños no lleguen con enseñarles a nadar. Desde que la leí, el año pasado, me parece muy gráfica, porque frente a todas estas medidas de prohibición o de alejamiento entiendo que es súper necesario, y ya te diría que casi una necesidad básica, trabajar con las familias y con los colegios en cómo enseñar esas habilidades.

Se trata de desarrollar esa mirada más crítica y no de sostener posturas que alejen o que escondan este tipo de cosas de los niños y los adolescentes, porque en el fondo vivimos en un mundo en donde van a llegar igual.

¿Cuál es tu mirada con respecto a que los adolescentes buscan eludir esos acuerdos, eludir lo que dice la plataforma de que de 13 a 17 años se usa de determinada forma? Tal vez ellos la quieren usarla como adultos. ¿Cómo se hace para abordar eso y que se tome conciencia? Porque es una etapa que todos pasamos, de rebeldía.

Te diría que, como muy bien decís, es una etapa en la que lo saludable es que eso pase. Los adolescentes tienen cerebros que se guían por lo que les despierta curiosidad, y este terreno es un llamador de novedad, porque está muy bien pensado para captar esa curiosidad. Entonces es esperable que esos límites que vos como adulto querés establecer, ese adolescente los quiera romper.

De las estrategias que más funcionan desde lo preventivo, a mí me parece que está la de trabajar con las familias pero también con los propios usuarios adolescentes, y hacerlo con los datos que tenemos hoy en nuestro país sobre cuántos de esos usuarios viven situaciones desagradables cuando están en la red. Kids Online (un estudio de Unicef, Ceibal y la Universidad Católica que encuestó a niños y adolescentes sobre cómo usan internet) muestra que uno de cada tres niños, niñas y adolescentes vive en algún momento algo desagradable o incómodo en la red.

Eso quiere decir que es muy raro que a tu hijo no le pase. Y si lo hablás con los chiquilines está bueno decirles: "Es muy raro que a vos no te pase. Te van a mandar un sticker ofensivo tuyo que no te gustó, vas a acceder a un contenido que no estabas buscando, o te vas a encontrar con alguien que de manera anónima te escriba y te pida que le mandes una foto".

En esos momentos es donde está bueno trabajar con ellos como usuarios: sabemos qué pasa en estas situaciones y sabemos qué puede pasar si yo respondo mandando una foto íntima. Yo iría más desde ahí que desde pretender, desde el mundo adulto, que nuestros hijos no van a navegar ese mundo porque saben que es peligroso. Me parece que lo van a hacer igual.

El mismo Matías Dodel publicó una investigación hace poco que decía que en Latinoamérica está aumentando la cantidad de niños que acceden más temprano a su primer dispositivo. ¿Cómo se hace para ir construyendo ese diálogo a largo plazo?

Es una gran pregunta. Yo te diría que hoy también hay bastante acuerdo en no pensar tanto en las horas de uso sino en qué se usa, en los contenidos que consumen. Y ahí tenemos un desafío espectacular desde lo educativo, que es transmitir ese mensaje como familia desde que son bebés.

Hasta cierta edad hay bastante acuerdo en que no es para nada recomendable el consumo de ninguna pantalla. Pero cuando son un poquito más grandes aparece el famoso dibujito o el entretenimiento, y ahí surge una primera idea clave: qué dejo de hacer por estar consumiendo eso. Por más que le limites y le digas "mirá solo media hora o una hora de dibujitos por día", también hay que pensar en familia qué no está haciendo durante esa hora.

Y hay otra pregunta importante, que es la función que eso cumple en el desarrollo emocional del hijo. Si esa media hora o esos 15 minutos son porque estaba de mal humor —que es la típica y lo que más veo en consulta: el chiquilín insoportable, el padre desesperado y el famoso chupete electrónico—, ahí le estás enseñando una función totalmente nociva para su crecimiento. Si el niño aprende que frente al aburrimiento hay 15 minutos, una hora o lo que sea de pantalla, es realmente terrible.

Ahora, si la pantalla entra en la dinámica de la familia como un elemento más —ahora tenemos un rato, está controlado, van a mirar este contenido que vos como adulto alguna vez viste con ellos y sabés de qué va, después se corta y hay otro tiempo para otra cosa—, ahí entiendo que estamos en un desarrollo bastante más saludable.

Decías que las consultas que más recibís son las de chupete electrónico. Además de ese, ¿cuáles son los otros temas por los cuales más consultan vinculados a la tecnología?

Yo acompaño adolescentes en el consultorio y después adultos jóvenes, y te diría que es impresionante, y muy representativo de nuestro tiempo, cómo la tecnología está metida en nuestra vida. Y entiendo que no hay que mirarlo como algo negativo ni ponerse en el lugar del que se asusta: la tecnología está y está espectacular.

Cuando hablamos el otro día de no subirnos a todos los trenes, me pareció lindo eso: hay una cantidad de beneficios espectaculares, pero tengamos una mirada un poco más reflexiva sobre si nos subimos a todo.

En ese sentido, la tecnología está presente de una forma u otra en todas las consultas. Desde el paciente que saca el celular, te dice "te puedo leer" y te lee un drama que tuvo por WhatsApp con alguien, donde queda expuesta una dificultad muy precisa a nivel comunicacional para manejar situaciones incluso por WhatsApp. Muchas veces lo uso como herramienta: "Trabajemos este mensaje". Qué le querés decir, cómo se lo querés decir, qué le vas a mandar, si se lo querés mandar ahora o la semana que viene.

Después, a nivel de familias aparece muchísimo la pregunta recurrente: cómo controlar, cómo marcar límites de horarios en casa. "Queremos generar la conversación, ¿cómo lo hacemos?". Ahí trato de orientar entendiendo que cada familia es un mundo diferente, con acuerdos diferentes. La idea no es copiar una receta, sino construir en tu familia lo que vos creés que te pueda funcionar.

He visto de todo: familias que hacen contratos literales, los imprimen, los firman y los ponen en la heladera, y les ha funcionado, y otras que generan sistemas de castigos, premios, recompensas y puntos, que se pierden cuando no se respeta el acuerdo y se ganan cuando lo cumplen. Pero en todas está la misma idea: como adulto tenés que establecer un acuerdo, hablado, escrito o culturalmente instalado en la familia, pero tiene que existir.

Y después aparecen los propios usuarios adolescentes, que ya perciben que el consumo que están haciendo es problemático. El que te dice: "Soy consciente de que estoy scrolleando sin sentido y no puedo dejar de hacerlo".

Parece ser que está el adulto como juez y gendarme del niño, pero el tema es que a veces es el adulto el que tiene más problemas con la tecnología que el niño. ¿Cómo lo ves? Está ese dicho de que es más importante lo que hacés como padre que lo que decís.

Es así. Esto que hablamos recién de Kids Online, o cualquier informe relativamente serio en cuanto a la validez de los datos, lo confirma: es una impresión que tenemos, pero está bueno confirmarlo. Es lo que más le piden los usuarios al mundo adulto: ver cómo lo manejan ellos. Muchas veces está recontra presente eso.

La semana pasada estuve en un colegio e hicimos algo espectacular, que para mí es de las cosas que más previenen: unir el mundo de la familia con el mundo de los hijos. Hicimos un taller donde se dio esa magia, por decirlo así, en conjunto. Estaban todos los hijos, porque era horario de clase, y fue casi todo el grupo de padres. Para evitar la típica de que el nene se quedara sin el padre porque no pudo ir, los mezclé: armé grupos de adulto y adolescente, y en un momento tenían que preguntarse cosas.

Yo les llevé algunas situaciones muy divertidas de estas que estamos hablando, y después se dio un momento en el que los adultos del grupo les preguntaban algo a los adolescentes y los adolescentes le preguntaban algo al mundo adulto. Una de las preguntas que hizo el mundo adolescente fue: "¿Por qué nos exigen tanto el control de horas de internet? ¿Y ustedes cómo lo manejan? ¿A ustedes también les cuesta?". Era buenísimo.

Fijate que ahí, en el fondo, está presente que lo ven y que necesitan que vos como adulto seas referente y guía en cómo modelar eso. Te lo están pidiendo. Y lo otro es el phubbing (el acto de ignorar a la persona que tenemos enfrente en una interacción social por prestar atención al teléfono móvil u otro dispositivo electrónico), que es la muestra más clara: ya tenemos evidencia para explicar que el acto de que vos, adulto, estés en otra respondiendo un mensaje no genera la misma consecuencia en otro adulto que en un adolescente o en un niño.

Hay un interés de los padres en aprender a autocontrolarse, pero es difícil.

Sí. Y me parece que una primera postura, hasta saludable, es reconocernos como adultos: reconocer que somos usuarios que tenemos muchas dificultades con este control y muchas oportunidades de seguir revisando las dinámicas de casa para mejorarlas. Y capaz que, al tener más información sobre las consecuencias que genera, tenemos otras nociones de cómo mejorarlo.

Uno de los mayores usos de la inteligencia artificial es el uso de psicólogo. ¿Qué mirada tenés?

Ese uso, más que terapéutico, yo lo llamaría el uso de la pregunta y la respuesta, y está muy extendido, sobre todo en edades cada vez más jóvenes, por el tipo de preguntas que se hacen.

Por un lado, la primera idea importante, y algo de eso intento transmitir en el libro, es preguntarnos por qué esas preguntas que están haciendo ahí no las están haciendo en otro lado. Qué encontraron en ese dispositivo, desde el anonimato, desde el no ser mirados ni observados, que no encontraron en un adulto como espacio para preguntar. Y volvemos a lo que hablamos antes: en aquellos casos de gurises que viven una situación desagradable, ¿por qué algunos pueden hablarlo después con el mundo adulto y otros no?

Hay algo que nosotros como adultos no estamos mirando, que es que respondemos desde el miedo, desde el enojo, desde el "no puedo creer esto que hiciste", y eso corta todo tipo de comunicación. Es 100% nocivo para el desarrollo.

Y después está lo otro, que es insistir mucho en el encuentro como espacio que realmente nos humaniza. Yo puedo dialogar con un dispositivo de IA y me puede dar excelentes respuestas a las preguntas que le haga, y cuanto más me conoce, mejor. Con el tiempo seguramente va a ser cada vez mejor, porque va a seguir creciendo y potenciándose. Pero creo que va a seguir siendo necesario lo que es realmente humano, que es el encuentro cara a cara, el encuentro con otro. Ahora, ponele, no estamos hablando presencialmente, pero igual nos estamos encontrando, y eso sigue siendo lo que nos humaniza.

Hoy veo un tiempo en el que hay una crisis de empatía: en el fútbol, en el tránsito, en las relaciones, a todo nivel. Hay una dificultad muy importante para conectar con otro. Sin romantizar mucho la cosa, entiendo que hacia donde tenemos que ir es hacia seguir encontrándonos con el otro, seguir generando encuentros.

La IA va a ser espectacular en muchísimas cosas, pero sigo sintiendo que no va a reemplazar eso. Lo mismo que estás hablando ahora conmigo perfectamente lo podrías hablar con cualquier dispositivo. Pero si al final del día hacemos un examen de conciencia y nos preguntamos cuáles fueron las cosas que destacamos del encuentro con otro, eso debería prender una llama ahí adentro.

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