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Doctores en medicina o profesionales de otras ramas que están al frente de empresas relacionadas con la salud cada vez se preocupan más por adquirir herramientas relacionadas con la administración y gestión. Hospitales públicos, mutualistas, seguros médicos, laboratorios y otras empresas del sector se movilizan de manera creciente para que sus líderes reciban ese entrenamiento.

En Uruguay, distintos centros educativos de nivel terciario ofrecen este tipo de capacitación. Para Cecilia Hackembruch, doctora de profesión y directora académica del máster de dirección de empresas de salud y del programa en dirección de empresas de salud del IEEM,el disparador de la necesidad de esta formación fue la complejidad y los costos crecientes de la atención médica hoy. “Se ha tomado conciencia de la necesidad de formación y eso es bueno. No estoy diciendo que antes se gestionara mal, pero en los últimos años se ha complejizado tanto la gestión que hay que saber más de dirección específica”, dijo.
Añadió que necesariamente tiene que haber un lenguaje común y una capacidad de decisión basados en elementos técnicos.

En el caso de los centros de salud, la dirección técnica, por regulación, tiene que ser médica, pero esto no ocurre con el resto de los cargos directivos. Así, en el seno de una organización de este tipo conviven contadores, abogados, licenciados en enfermería, médicos y expertos en administración. Estas personas, con diferente procedencia educativa, tienen que alcanzar el “lenguaje común” al que hace referencia Hackembruch para las decisiones del día a día.

Por su parte, Ana Sollazo, también doctora y una de las responsables del posgrado en gestión de servicios de salud que se dicta en la Universidad de la República (Udelar), señaló que se apuesta a que “la gestión se haga de manera colectiva, con la integración de todos los conocimientos y saberes”.

Este diploma se creó en la Udelar cuando se diagnosticó que las instituciones de salud requerían la “profesionalización de la gestión”. Trabajan en conjunto la facultad de Medicina junto a la de Ciencias Económicas. “Si bien participan médicos en su gran mayoría, tenemos todo tipo de profesionales: contadores, licenciados en enfermería, químicos. Hasta licenciados en ciencias políticas”, contó Sollozo.

En el Claeh, la coordinadora de la especialización en gestión de servicios de salud, la doctora Marta Napol, apuntó que se nota una mayor exigencia de las instituciones para tener profesionales capacitados. En este terreno, el Claeh ofrece dos títulos: por un lado, especialista en gestión de servicios de salud –título intermedio–, y por otro la maestría en política y gestión de salud.

Objetivo número uno
El principal objetivo de este tipo de empresas claramente es la salud de sus beneficiarios. De todas maneras, “tiene que ser vista como empresa, tiene que tener la eficiencia de una empresa”, según Hackembruch del IEEM, sin distinciones entre pública y privada.

Para Sollozo, de la UdelaR, en cambio, aún no está laudada la discusión de hasta dónde los criterios de “manejo empresarial de las organizaciones sanitarias se pueden dar de la misma manera que en cualquier otra organización y hasta dónde no”.

La reforma
Durante la presidencia de Tabaré Vazquez (2005-2010), el sistema de salud en Uruguay vivió una transformación. En 2008 comenzó la llamada “reforma de la salud”, que trajo consigo nuevos desafíos para los directivos de las empresas de salud.

Para Hackembruch, hoy el modelo de atención está “en transición” como resultado de la reforma.

“Tuvo un aspecto que tiene que ver con la parte financiera y otro vinculado al modelo de atención, que tiene como objetivo virar a un modelo preventivo. Es un cambio de la cultura organizacional y de lo profesional. Lograr la adhesión de los profesionales a esos cambios es un reto muy importante del directivo de una empresa de salud”, indicó.

La reforma, entre otros, generó la posibilidad de cambiarse de institución.
“Todos los febreros puede haber una diferenciación en el mix de pacientes, por lo que la incertidumbre puede ser mayor”, dijo Hackembuch.

Mientras que los seguros privados pueden poner una barrera vinculada a una enfermedad preexistente, las mutualistas no tienen esa posibilidad, lo que dificulta diseñar políticas basadas en la cantidad de usuarios.

Además, la reforma tuvo como consecuencia la “obligación de eficiencia”, apuntó Hackembruch, dado que las empresas de salud gestionan recursos de “toda la población” a través del Fondo Nacional de Salud (Fonasa).

Sollazo, por su parte, considera que la reforma hizo “imprescindible” la formación específica. “Se requiere una masa crítica de gente formada para lograr que las organizaciones tengan un funcionamiento más eficiente en cuanto a logro de resultados”, comentó la médica.

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