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De tarde, todo era caras largas y preocupación. Los primeros datos de las encuestas a boca de urna calaron hondo entre los dirigentes del Frente Amplio. Algunos de los sondeos hablaban de una votación de 42% o 43%, mientras que en la vereda de enfrente la suma de blancos y colorados amenazaba con hacer suya como bloque la mayoría parlamentaria que la izquierda tiene desde 2005. A su vez, la información que manejaban los dirigentes presentes en la sede de la coalición daba cada vez más probable la aprobación del plebiscito que promovía la baja de la edad de imputabilidad, una iniciativa que la izquierda enfrentó en forma orgánica.

En el diálogo con los periodistas de El Observador, los líderes de las diferentes agrupaciones del Frente Amplio relativizaban los datos y decían que el boca de urna no es confiable como método dado que tiene un margen de error muy grande. Pero sus caras evidenciaban el temor a perder el gobierno.

Pocas horas más tarde, ese clima de nerviosismo se transformó en una gran fiesta, con cánticos, brazos al cielo, abrazos y festejos. Es que a medida que las empresas encuestadoras ajustaban al alza sus proyecciones de los resultados, los frenteamplistas ganaban en confianza hasta que en un momento empezaron a soñar con algo que a las 5 de la tarde parecía impensado: volver a tener mayorías parlamentarias propias.

A las 20:30, todos los televisores colgados mostraban los porcentajes de las encuestas. Al principio, hubo aplausos cautelosos ante estimaciones que alternaban entre el 44,4% y el 46%. También gritaron cuando escucharon que al parecer el “Si” a la baja había fracasado. Pero los datos eran muy ajustados y no había un sustento real para dar rienda suelta a la euforia.

Una hora más tarde, y a medida que las proyecciones eran cada vez más favorables a la izquierda, el buen humor comenzó a reinar en la sede entre abrazos, cánticos y aplausos. Los dirigentes comenzaron a percibir que acariciarían la mayoría parlamentaria y además, por lo bajo, argumentaban que con estos números sólo una catástrofe llevaría a perder el balotaje.

El discurso del candidato Tabaré Vázquez se hizo esperar. Es que estaba esperando los resultados del centro de cómputos propio para ver si alcanzaría lo que prometió durante todos sus actos de campaña: las mayorías en el Parlamento. “Y ya lo ve, y ya lo ve, el presidente Tabaré”. Con ese eufórico cántico recibieron los dirigentes frenteamplistas al presidenciable, quien realizó un breve discurso previo a ir al encuentro de las masas de militantes que lo esperaban en 18 de Julio y Río Negro. Consciente de que acaricia el triunfo de cara al balotaje, Vázquez realizó un discurso conciliador, anunciando que aún con mayorías en el Parlamento buscará acuerdos con el resto del espectro político.

“Será el diálogo, el respeto y la tolerancia el camino”, dijo. De todos modos, a sabiendas que deberá competir con el nacionalista Luis Lacalle Pou por la Presidencia, Vázquez sacó a relucir su experiencia de gestión pública y recordó que fue intendente de Montevideo y presidente. “Creemos que tenemos la experiencia personal de haber sido intendente de Montevideo durante cinco años, la Presidencia de la República durante cinco años (…) Pueden esperar de una fuerza política responsable que da certezas y que busca, más allá de quienes nos voten o no nos voten, que todos los uruguayos vivan cada vez mejor”, dijo. El término “certeza” lo repitió más adelante cuando habló de economía.

Vázquez terminó su discurso en la sede del Frente Amplio. Afuera, en la calle Colonia, lo esperaban muchísimos militantes con cánticos triunfalistas. Fue en un auto hasta el estrado en el que lo esperaban miles de frenteamplistas. “Festejen, uruguayos, festejen”, dijo, repitiendo la frase que quedó inmortalizada luego que ganó en primera vuelta las elecciones de 2004 y se convirtió en el primer presidente de izquierda de la historia uruguaya.

Una enorme bandera uruguaya decoraba el escenario en el que habló Vázquez. Por si no había quedado clara la intención, el cierre del acto tuvo a Vázquez posando para los fotógrafos con el pabellón nacional entre manos y con jóvenes que saltaban y cantaban el jingle de campaña. No había simbología frenteamplista.

Esa imagen que trasciende los partidos políticos y busca unir detrás de la bandera uruguaya estuvo acompañada con un mensaje explícito en la que Vázquez nombró en forma directa a los batllistas, wilsonistas e independientes de cara a lo que se viene.
Temas:

Decisión 2014

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