ver más

Este martes a las 22.30 horas, MonteCarlo emitirá el último capítulo de Escobar, el patrón del mal, la revolucionaria, exitosa y polémica serie de la colombiana Caracol sobre la vida del narcotraficante más famoso de la historia. Fue el líder del sangriento cartel de Medellín, al que se le atribuyen más de 10.000 asesinatos, entre homicidios digitados de candidatos presidenciales, jueces, fiscales, periodistas, policías y otras figuras así como atentados masivos con coches bomba –técnica aprendida con miembros del IRA– y masacres de narcos rivales.

El final es tan anunciado como el de Titanic, pero ello no reduce la expectativa por la conclusión de la superproducción más ambiciosa que se haya realizado en Colombia que desde el principio ha liderado su segmento de audiencia con altas mediciones de rating en Uruguay. De hecho, junto a Telenoche ha sido uno de los dos programas más vistos de canal 4 en los últimos meses. Y esto es exactamente lo mismo que ha ocurrido en casi todos los países de los cinco continentes en los que se exhibió: un éxito rotundo que, paralelamente, despertó la atención internacional sobre la producción audiovisual de Colombia.

Aprovechando el suceso de la serie, canal 4 exhibirá un documental en dos partes el jueves 11 y el martes 16 de abril: Los tiempos de Pablo Escobar.

En Colombia y otros países como Panamá, Honduras o Guatemala –la popularidad de la serie fue tal que los programas “parásito” se ocupaban a diario de los entretelones de la historia, el rodaje, los chismes de sus actores, tal como por acá se dedican a las “figuras” del Bailando.

“Realmente la serie me impactó desde que me fue presentada, por la mezcla que hacían entre ficción y documental: ha habido secuencias reales, con imágenes de archivo, y eso fue realmente algo nuevo para un ciclo de estas características”, dijo Carlos Novaro, gerente de programación de MonteCarlo, a El Observador.

Esas imágenes de archivo –la violenta toma del Palacio de Justicia en 1985, el atentado contra un avión de Avianca en 1989 que causó 110 muertes– combinadas con el rodaje ficcionado, dejan en evidencia la calidad de la factura técnica de la serie. Fue grabada “en alta definición con óptica de cine”, especifica Caracol, está basada en el libro La parábola de Pablo, escrito por el periodista y exalcalde de Medellín (2008-2011), Alonso Salazar.

Escobar: el patrón del mal se propuso recrear la vida del siniestro narcotraficante desde todos los ángulos, y detrás de la producción hay un trabajo documental de más de tres años que involucró a un grupo de familiares de notorias personalidades que enfrentaron al cartel de Medellín y terminaron siendo asesinadas.

“Esta serie nació para tratar de desmitificar todas las versiones que habían salido antes sobre el capo y que negaron la realidad de las víctimas de ese conflicto”, sostiene Camilo Cano, coproductor del ciclo e hijo del exdirector del diario El Espectador, Guillermo Cano, asesinado por Pablo Escobar en 1986.

La encargada de la producción fue Juana Uribe, sobrina de Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia de Colombia asesinado también por los sicarios de Escobar, e hija de Maruja Pachón, la periodista secuestrada por el narcotraficante cuyo cautiverio fue el centro del relato de Gabriel García Márquez en Noticia de un secuestro. Los productores insisten en que parte del objetivo es asegurarse de que cosas como estas no vuelvan a ocurrir.

Sin embargo, y como era de esperarse, causó polémica la ficcionalización que hace la serie de una época dramática para Colombia, una verdadera guerra interna que involucraba a los todopoderosos carteles de la cocaína, el Ejército, la Policía, los paramilitares, la guerrilla y las exigencias de Estados Unidos para extraditar a los líderes de la mafia de la cocaína. Sólo el cartel de Medellín producía 20 toneladas de cocaína al mes.

Los detractores de la producción opinan que se glorifica a Pablo Escobar mostrando sus debilidades humanas, su apego a la familia –sus hijos, su madre, su esposa (a quien engaña cotidianamente)– y que la imagen que se construye es la de un hombre que empezó siendo un delincuente común, un contrabandista, y que desde una organización delictiva responsable de miles de crímenes obtuvo reconocimiento social, presionó políticamente a varios gobiernos y dio la posibilidad de hacer fortuna a toda una generación de jóvenes marginales sin oportunidades.

El exalcalde de Medellín, Juan Gómez Martínez, quien combatió al narcotraficante durante su gestión, manifestó que: “No se le puede seguir haciendo publicidad a un tema que le hizo daño a la ciudad y al país; volver sobre estos hechos siempre generará miradas sobre la ciudad y recordará esos elementos que hemos trabajado para superar”.

“No creo que se haya hecho una apología sino que el personaje está mostrado en todas sus facetas; eso está bien cuidado. Seguramente esas cosas hayan sido así: eso es lo interesante, lo vistoso y lo dramático”, sostiene Novaro, el gerente de programación del 4.

“Una serie como Escobar, en la que el protagonista termina vuelto nada, solo, al que la plata finalmente no le sirvió, no creo que haga apología. Lo que sí puedo asegurar es que la televisión que existió durante 30 años, que trató la historia del rico con la pobre, de las familias, no hizo a la sociedad mejor” considera Andrés Parra, el actor que se luce encarnando al jefe del cartel de Medellín.

La soberbia caracterización de Parra, más allá del parecido físico conseguido en la sección maquillaje, es una de las claves del éxito de la serie. Además de conversar con personas que conocieron al capo de la cocaína, leyó todo lo que pudo, miró películas, material de archivo y revisó documentos. Es impactante la forma de hablar que desarrolló. Escuchando una y otra vez los 24 minutos de audio con la voz de Escobar que tenía grabados en su celular, grabándose a sí mismo, comparando los audios, consiguió emular el mismo timbre de voz, el mismo acento y las mismas pausas en la respiración que caracterizaban al “Patrón”. Un “berraco” trabajo, como diría su personaje.

Además del destaque que merece el guion, entre los 1.500 actores que participaron de la megaproducción hay hallazgos –al menos para el espectador uruguayo– en el elenco secundario. Uno es Anderson Ballesteros en la piel de Chili, la mano derecha de Escobar: un tipo seductor, de hablar pausado, experto en extorsiones y jefe de sicarios. Otro es Nicolás Montero, intérprete que encarna a Luis Carlos Galán, el candidato a presidente que expulsó a Escobar del Nuevo Liberalismo –el capo fue concejal y diputado suplente–, y denunció los vínculos de Escobar con la mafia, amenazando con extraditar a los narcotraficantes. Fue asesinado en un acto público el 18 de agosto de 1989. Entre los pocos nombres conocidos por estos lados figura Angie Cepeda, que hizo el papel de la presentadora de televisión que se convierte en amante de Escobar, Regina Parejo.

El autor del libro original, Alonso Salazar, dijo que ha visto la serie “intermitentemente” y señaló, consciente de su popularidad, que “lo importante es que recuperó la historia del país, donde se incluye toda la crueldad de Escobar y las personas que lo combatieron, a sus víctimas. El que la vea tendrá una visión mucho más completa del narcotraficante y su contexto, no solo la parte mítica y la idea de que fue un gran benefactor”.

Para el gerente de programación de canal 4, adquirir esta serie fue un acierto: “Es de esos productos realmente diferentes, interesantes, cuenta hechos reales –dramatizados, obviamente– pero para nosotros fue una apuesta, creímos en el producto y lo pusimos en un horario destacado, dos veces a la semana, para acostumbrar al público a ese sistema de dos días; nos alegra que la audiencia haya respondido”.

NULL

Seguí leyendo