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Ante un agravamiento del contexto internacional, las autoridades brasileñas inclinaron la balanza. Las decisiones de política monetaria y fiscal adoptadas en la última semana por el gigante del norte, dan cuenta de un incipiente cambio en las prioridades: el crecimiento económico y la competitividad están por delante de la inflación.

Los analistas y operadores locales esperan que, una vez se consolide el viraje en el país vecino, las autoridades uruguayas emulen sus movimientos con una baja en la tasa de referencia, que dé vía libre a un dólar más alto, al precio de un agravamiento de las presiones inflacionarias.

Dos factores se encuentran detrás de la suba de 2,46% en el tipo de cambio en las últimas cuatro operativas. El primero es la creciente incertidumbre de los mercados mundiales respecto a la solidez del crecimiento en el mundo desarrollado. Desde el mes de agosto, el dólar sube de a saltos, cada vez que la publicación de un nuevo indicador echa sombras sobre las perspectivas económicas.

El segundo factor: Brasil. La semana pasada el Comité de Política Monetaria decidió reducir la tasa de interés en medio punto, a 12%, lo que incentiva la huida de capitales desde el país vecino al resto del mundo y deprime al real frente al dólar. “Va a tener que haber un cambio en la política también en Uruguay: favorecer la depreciación (del peso) y reducir el déficit fiscal, como está haciendo Brasil, que contuvo el gasto y permitió tasas más bajas. Es el camino, no tenemos otra”, dijo a El Observador Juan Carlos Protasi, director de la revista Porfolio y ex presidente del Banco Central.

Desde el mercado, los operadores están convencidos de que la conjunción de factores hará muy difícil que el dólar vuelva a traspasar a la baja los $ 19, al menos en el corto plazo. La divisa alcanzó ayer $19,089 en el mercado mayorista, tras cuatro alzas seguidas.
El analista Daniel Lussich, de cambio Sir, sostuvo que “hay un cambio en las perspectivas” y que de mantenerse el contexto actual, hay margen para que el dólar siga subiendo. La opinión del experto coincide con la de otros operadores consultados por El Observador entre bancos y casas cambiarias.

Algunos expertos, por su parte, entienden que es prematuro hablar de un cambio en las prioridades del país vecino, y que se trata solo de un primer indicio. Sin embargo, existe unanimidad en que, de confirmarse el giro de la política monetaria de Brasil, Uruguay deberá virar en la misma dirección.

Para Florencia Carriquiry, gerente de consultoría económica de Deloitte, “en la medida que la decisión de Brasil marque una mayor flexibilización de la política monetaria también a futuro, podría terminarse de configurar un escenario a nivel regional de mayor tolerancia a la inflación”.

A diferencia de Brasil, donde la inflación se acelera –en agosto alcanzó un máximo de 7,23%–, los precios en Uruguay tienden a moderar la suba registrada en los últimos meses. En junio, el registro interanual de inflación marcó un pico de 8,61% que se desaceleró a 7,57% en la medición de agosto.

La coordinadora del área de coyuntura del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas (Udelar), Gabriela Mordecki, sostuvo que esa desaceleración “otorga un leve margen” para que el dólar suba sin afectar los precios. “Ya no se precisa tanto que la moneda local continúe apreciándose para que ayude a contener los precios”, explicó.

Sin embargo, los expertos coinciden en que ese margen va a ser muy acotado. La inflación se ubica todavía muy por encima del rango meta objetivo, de entre 4% y 6%, como para permitir una aceleración marcada por una brusca apreciación del dólar. Pero el nuevo contexto internacional obliga a mirar las variables macroeconómicas con otros ojos.

En una entrevista con la agencia española de noticias EFE, el director de la División de Globalización del Organismo de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), Heiner Flassbeck, sostuvo que tanto Brasil como el resto de los países emergentes “no deben sobredimensionar el riesgo de la inflación”.

Sostuvo que la prioridad hoy en día es mantener la competitividad de los productos a partir de una focalización en la política cambiaria, que asegure el crecimiento sostenible de la economía, que hoy en día está concentrado en el mercado interno. “La respuesta a un aumento de precios no es reprimir la demanda o revaluar la moneda”, expresó.

Ante situaciones de este tipo, otro experto del organismo, Alfredo Calcagno, sostuvo que “los países (latinoamericanos) no deben permitir que los mercados fijen el valor de sus monedas” y recomendó un mecanismo de “flotación administrada” que incluso funcionaría mejor si en lugar de ser unilateral funcionase a nivel regional.
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