Europa debe resolver quién y cómo paga plan de reactivación
Los economistas se muestran escépticos ante el plan Bruselas y se preguntan por su impacto y la capacidad de los Estados europeos de llevar adelante una acción coordinada
La Comisión Europea presentó finalmente esta semana el esperado plan de reactivación económica para Europa por un monto de 260.000 millones de dólares (unos 200.000 millones de euros), aunque ahora queda por ver cómo responderán los países del bloque, con voces disidentes que ya se hacen sentir.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, recién había terminado de presentar el flamante paquete el jueves en Bruselas y ya dos países, Alemania y Polonia, daban a conocer sus reservas ante la serie de iniciativas de reactivación presupuestaria para luchar contra la recesión.
“No debemos caer en una carrera de miles de millones”, advirtió en ese sentido la canciller alemana Angela Merkel, muy refractaria a la idea de un endeudamiento masivo de los Estados europeos para afrontar la crisis.
El plan de Bruselas, cuyo monto representa el 1,5% del PIB (Producto Interior Bruto) de la Unión Europea (UE), está basado en un abánico de alternativas para que cada país elija la que más le convenga y propone a los países del bloque recurrir al déficit público para impulsarlo.
Previsto para dos años (2009 y 2010), el dinero del plan saldrá en su mayoría de las arcas nacionales (170.000 millones), mientras que los 30.000 millones restantes serán aportados por el presupuesto comunitario y el Banco Europeo de Inversiones (BEI).
Ante este panorama, Alemania dejó en claro desde el vamos que ya había “superado la expectativas del ejecutivo europeo”, al adoptar medidas por 32.000 millones de euros, es decir el 1,3% del PIB alemán, una forma de aclarar que el motor económico de Europa no piensa hacer esfuerzos suplementarios por los otros.
Si Alemania, el Reino Unido, Francia y España no han tenido mayores problemas para lanzar planes a nivel nacional, la situación es mucho más complicada para los nuevos Estado miembros de la UE del Este de Europa, con economías frágiles en muchos casos y dificultades de financiamiento.
Para ese sub-bloque formado por nueve países (República Checa, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Lituania, Letonia, Estonia, Rumania, Bulgaria), la cuestión no es tanto si aplicar o no el plan, sino de dónde obtener el dinero, como dijo el primer ministro polaco Donald Tusk.
“Cuando discuto sobre el tema con dirigentes, no sólo europeos, anuncian que pondrán 100.000, 200.000 ó 500.000 millones de dólares o euros. Yo también podría clamar que voy a meter miles de millones, y agregar en voz baja 'si logro que me los presten'“, indicó Tusk, recordando que “si hay algo que falta hoy en día en el mercado, es el dinero”.
Las dudas se extienden también a los economistas, escépticos ante el plan y que se preguntan por su impacto y la capacidad de los Estados europeos de llevar adelante una acción coordinada.
“La tentación de cada uno va a ser decir 'arrastro un poco los pies y cuento con la reactivación de los vecinos'“, explicó el jefe economista del banco italiano Unicredit, Marco Annunziata.
“Es necesario repartir los esfuerzos. Alemania no va a aceptar hacerlo por el resto de Europa”, agregó.
“Es una cuestión muy difícil, porque cada uno va a venir con su situación presupuestaria, lo que ya ha hecho y sus prioridades”, analizó a su turno el experto Jean Pisani-Ferry, del centro de reflexión europeo Bruegel, con sede en Bruselas.
Y es que para la mayoría de los expertos consultados, el plan presentado por Bruelas “no cambia gran cosa en cuanto a las perspectivas” y “no salvará a la economía”, como indicó Jennifer McKeown, del instituto Capital Economics.