Una sociedad plenamente democrática requiere ser dirigida por una estructura estatal que asegure su funcionamiento ordenado pero respetando estrictamente los derechos a la privacidad y las libertades de los ciudadanos. El sistema peligra cuando se rompe ese delicado equilibrio entre gobernantes y gobernados porque las autoridades traspasan el límite de sus atribuciones. La injerencia excesiva del Estado en la vida de la gente y el mal uso de la información de que dispone sobre las personas son tentaciones en las que suele caerse en el ejercicio del poder, como está sucediendo en forma preocupante en Uruguay. Están por un lado dos instancias recientes de utilización indebida de datos personales, uno en reacción a un enojo presidencial y el otro para distraer de una posible omisión ministerial. Ambos casos están en una zona gris entre la falta de ética y el delito. En otro campo y aunque establecido por ley, es igualmente reprobable el exceso oficial en las normas de inclusión financiera.
Excesos de injerencia estatal
La utilización de datos personales de forma indebida de parte del gobierno va en detrimento de los derechos individuales