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Pasar por una obra en construcción en Montevideo significa para cualquier mujer un momento en el que cualquier piropo o frase subida de todo puede ser lanzada desde algún andamio. Ergo: enviar a esa mujer a un acto del Sindicato Único de la Construcción (Sunca) sería como juntar todas las obras que hay en la ciudad y dejarla a ella en medio.

Cámara en mano me abrí paso entre un mar de obreros buscando la mejor foto. Hubo sugerencias de todo tipo: "Sacame una foto mami", disparó uno. "Te invito a comer un chorizo linda", dijo otro, aunque no se veía cerca ninguna de las tradicionales parrillas de obra. Ahorraré a los lectores otras sugerencias y comentarios subidos de tono que surgía desde diversos lugares de la manifestación de avenida del Libertador. Los manifestantes reclamaban seguridad en el trabajo y, lo confieso, en algunos tramos del recorrido temí por la mía.

Eran pocas las mujeres que se veían entre los cascos amarillos -conté dos- y las banderas del sindicato que flameaban frente al escenario. Varios con botellas de cerveza en mano poco escuchaban lo que dirigentes como Marcelo Abdala decían sobre las mejoras que deben alcanzar los trabajadores. Abdala hablaba y los obreros estaban distraídos con esta cronista: sus consignas no hablaban precisamete de lucha de clases.

Al final llegué al escenario, desde donde se veían dos cuadras repletas de obreros. Cuando me iba, un obrero -robusto y con cara de pocos amigos- me ayudó a bajar del escenario al tiempo que decía: "Flaca, te mandaron a la guerra".

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