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La desaceleración de la economía, la estabilidad de los precios en las materias primas, la expectativa de ajustes salariales más moderados y los efectos de medidas de políticas monetarias, entre otros factores, están incidiendo para que la inflación se “estabilice” en niveles de entre 8% y 9%, lo que aleja el riesgo de una escalada que sitúe el dato en las dos cifras, coincidieron en señalar expertos consultados por El Observador.

En ese sentido, los escenarios extremos entendidos como una inflación de dos cifras o la convergencia al rango objetivo de 4% a 6% están prácticamente fuera de los modelos para este año. “Descartamos los extremos, pero estamos lejos de ingresar al rango”, sostuvo la coordinadora del Área de Coyuntura de la Facultad de Economía, Gabriela Mordecki, que pronosticó un cierre anual cercano a 8%.

Luego de la suba de precios de 0,66% registrada en marzo, que fijó el acumulado de 12 meses en 8,54%, los expertos identificaron factores que indican cierto freno en las presiones inflacionarias (ver página 15). “El dato refleja, qué es lo más importante, que la inflación subyacente (que excluye los factores más volátiles de la economía y las tarifas) dejó de acelerarse a lo largo del primer trimestre” y se situó en niveles cercanos a 8,5% anual, dijo a El Observador el director de Vixion Consultores, Aldo Lema.

“El dato de marzo muestra la tendencia a que se moderen los precios. La subyacente también descendió, y cuando uno mira los (precios) transables tienen un impacto muy bajo porque los precios internacionales se han incrementado menos”, coincidió Mordecki.

Para Lema, eso tiene que ver “con algunos factores fundamentales”. A modo de ejemplo, citó “la caída del tipo de cambio observada en los meses previos, la estabilidad de precios externa, e incluso la propia desaceleración económica combinada con cierta moderación de los salarios”.

Otro dato reiterado por los expertos es la desaceleración registrada en los precios no transables, que son los que están vinculados directamente a la dinámica de consumo interno. “Cuando mirás los precios no transables, se está viendo alguna desaceleración: desde el 10% de fines del año pasado estamos más cerca de 9%, lo que puede reflejar desaceleración de la economía y del crecimiento monetario”, sostuvo por su parte Florencia Carriquiry, de Deloitte.

En términos similares se expresó Ramón Pampín, de PwC. Según su visión, las acciones de política monetaria adoptadas en el segundo semestre del año pasado, a fin de desacelerar el crecimiento de los agregados monetarios y del crédito, están teniendo el efecto buscado en el Índice de Precios al Consumo (IPC) a través de menores presiones desde la demanda. “Esos factores siguen estando vigentes, los agregados monetarios y el crédito van a seguir ajustándose a un crecimiento menor, igual que los salarios, y la desaceleración de la economía va a jugar en la desaceleración de los precios”, argumentó Pampín.

Para Lema, también se suman en los primeros meses del año “presiones desinflacionarias” en los precios de los bienes que se comercializan internamente. Si se tiene en cuenta que esa situación ya se evidenciaba desde fines del año pasado en los valores que dependen del comercio internacional, es esperable una “estabilización” de la suba de precios ente “8% y 9%” en lo que resta del año, estimó Lema.

El economista sostuvo que ese nivel de inflación constituye una “zona de confort” para las autoridades, lo que podría determinar que el Banco Central envíe “señales” de relajar la política monetaria contractiva para favorecer un tipo de cambio nominal “un poquito más alto”, aunque no será inmediato.

No obstante, Carriquiry dijo que existe posibilidad de acercarse a 10% si a mediados de año no se repite el beneficio a los usuarios de UTE que reduzcan su consumo –que se aplicó en 2012– sumado a un eventual shock climático que afecte la producción de alimentos.
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