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Los economistas y analistas no estiman fuera de lugar el anuncio que realizó la senadora y primera dama Lucía Topolansky respecto a que el gobierno estudia nuevas medidas para impedir el ingreso de dólares a Uruguay.

El gobierno ya ha implementado una serie de medidas en este sentido como la compra de dólares por parte del Banco Central y del Ministerio de Economía para sacarlos de circulación, compras que en lo que van del año ya superan abiertamente a las realizadas durante todo 2012. Por otro lado, con el fin de desincentivar la inversión especulativa se estableció un encaje de 40% a los títulos que se compren desde el exterior para desestimular la entrada de la moneda americana.

No obstante, este jueves la senadora dijo que estas medidas no resultan suficientes. “Ahora estamos pensando medidas para que no entren dólares a Uruguay, porque el Banco Central para mantener el valor de la moneda ha tenido que comprar y tiene un reserva más que cuantiosa. Entonces estamos en otra situación (diferente a la de Argentina)”, adelantó en declaraciones a radio Mitre.

“Tiene razón Topolansky en que Uruguay enfrenta el problema inverso al de Argentna. Nos sobran los dólares y eso es porque las perspectivas económicas son relativamente estables en comparación con la región y el mundo desarrollado, tenemos una moneda fuerte (demasiado fuerte) y la inversión en títulos públicos está dando tasas de interés muy altas”, señaló Federico Comesaña, coordinador de la Unidad de Análisis Económico de El Observador.

Sin embargo, advirtió, hay que distinguir entre dos tipos de inversión. Aquella que se hace en tierras, construcción y creación de nuevos emprendimientos con capitales extranjeros y la que tiene que ver con la inversión especulativa, es decir, los fondos de inversión. La primera, explicó “es la inversión en la economía real” y “es sana y deseable que sigan entrando dólares con ese propósito”, la segunda “se aprovecha de los altos rendimientos de la deuda uruguaya, e inundan la plaza de capitales”.

La misma distinción realizó Pablo Moya, economista de la consultora Oikos, quien advirtió que si uno pretende que no ingresen tantos dólares al país, “tiene que frenar el ingreso de capitales especulativos” y no de inversiones directas, que son las que permiten el desarrollo del país.

“Frenar el ingreso de capitales especulativos no parece una mala medida, sobre todo si se trata de mitigar el impacto que puede tener una avalancha de dólares en Uruguay porque eso te distorsiona el precio de cualquier bien”, resaltó Moya a El Observador.

Para el economista una medida posible para ello sería incrementar los encajes marginales (actualmente a 40%) que hoy por hoy se imponen a los títulos que se compran desde el exterior. De esta manera, se desestimula a los capitales extranjeros a invertir en instrumentos financieros uruguayos, ya que resultan menos rentables.

Ramón Pampin, de la consultora PWC, también mencionó a El Observador esta posibilidad y recordó que el año pasado se instaló un encaje para los instrumentos emitidos por el Banco Central pero no para el resto de los activos.

Disparidad con la región
Pampin opinó que la implementación de nuevas medidas por parte del gobierno para frenar el ingreso de dólares también sería bueno para disminuir la “disparidad cambiaria” con Brasil y con Argentina. Actualmente, esta “no resulta favorable para muchos sectores productivos, en un contexto en que la actividad se desacelera”.

“Antes Uruguay ‘seguía’ a Brasil, en la medida que buscaba mantener una paridad que mantuviera cierta estabilidad en la relación de precios”, pero “da la sensación de que ahora Brasil se ha despegado y es difícil seguirlo”, argumentó. En este contexto, el país norteño “podría comenzar a ‘ayudarnos’ en la medida que persista en la suba de tasas”, agregó.

A esto mismo apuntó también Comesaña. Resulta “deseable que el gobierno implemente nuevas medidas para evitar un mayor desalineamiento cambiario respecto a los socios comerciales del país”, advirtió. A su entender esto debe hacer a través de una política monetaria “menos contractiva”, es decir con una tasa de interés de referencia más baja, y con una mayor participación del Banco Central en el mercado cambiario.

Estas medidas deberían ir acompañadas, según el analista de El Observador, por una mayor restricción en la política salarial y un mayor superávit fiscal primario, que permita al gobierno absorber con recursos genuinos los dólares excedentes en el mercado cambiario.

Por su parte, Pampin, que coincidió con la necesidad de bajar la tasa de la política monetaria, advirtió que esta debe estar condicionada por la evolución de los precios, que debería moderarse a lo largo de 2013. “Por tanto, no es un instrumento que deba ser evaluado solo en función de este fuerte proceso de ingreso de capitales, sino también en función del proceso inflacionario”, explicó.

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