Fantasía colorida de piratas y esclavas
El ballet del Sodre comenzó el año con El Corsario, que destacó por su escenografía, vestuario, efectos especiales y la ductilidad de sus primeras figuras, aunque no resultó tan cautivante como otras obras
El público respaldó el excelente trabajo del Ballet Nacional del Sodre (BNS) en 2013 y la compañía dirigida por Julio Bocca arrancó el año con fuerza con el estreno el jueves de El Corsario, obra que ya se había presentado en 2011 pero que esta vez se realizó con la producción íntegra del Sodre. Con 17.500 entradas adquiridas hasta el día del estreno, la obra se convirtió en la segunda mejor vendida del ballet, después de El Lago de los Cisnes, desde que el argentino asumió la dirección artística.
El comienzo, no obstante, resultó en la primera función de lo más flojo del espectáculo, con algunas desprolijidades en los solos de las bailarinas que interpretaban a esclavas para ser vendidas al pashá, que encarnaba Alejandro González, siempre gracioso en sus recreaciones. La presencia de María Noel Ricetto, en el rol protagónico de Medora, y de la brasileña Ariele Gomes, como su amiga Gulnara, compensó rápidamente esta situación. Ricetto ya ha demostrado sobradas veces su expresividad, musicalidad y frescura, y Gomes sigue sorprendiendo por su feminidad y delicadeza. El primer acto culminó con una vigorosa coreografía de piratas, en la que se lucieron las faldas coloridas de las mujeres y los juegos de sables de los hombres.
En el segundo acto la acción se trasladó a la caverna de los piratas, con una muy buena iluminación de Claudia Sánchez y una escenografía en tonos violáceos que recordaban a El extraño mundo de Jack. Este fragmento dio lugar a las mayores ovaciones para Ricetto y el español Ciro Tamayo, que protagonizó la obra en el rol de Conrad y dejó afónico a más de uno que celebró la altura, rapidez y virtuosismo de sus saltos y danzas. No obstante, la pareja protagónica no alcanzó la química de otras interpretaciones, pero no a causa de su desempeño, sino de unos personajes livianos que no permiten el nivel de conexión de obras más emotivas como El lago de los cisnes.
Muy aplaudido también fue el trabajo de Acãoa Teóphilo, una nueva incorporación del BNS, quien interpretó el rol de Alí, el esclavo de Conrad. En líneas generales, El Corsario, obra en la que tienen gran protagonismo los hombres, dio muestras claras del buen nivel de los varones de la compañía.
En el tercer acto, la obra languideció un poco con la coreografía del sueño florido del pashá, pero retomó su fuerza cuando el público se quedó boquiabierto por el efecto especial de la tormenta y el naufragio de un barco, ideado por Millán y realizado en los talleres del Sodre.
Se trató, sin duda, de uno de los trucos más espectaculares que se hayan visto en el Auditorio Adela Reta. Utilizando un barco, con un sistema de pivot que divide el piso de la embarcación y permite moverlo, cuatro proyectores y un telón transparente, se generó una sensación 3D, en la que la que el espectador podía casi sentir la tormenta y el naufragio.
Al final, como siempre, lo coronó la ovación de pie de un público a esta altura acostumbrado a la garantía de calidad de la compañía dirigida por Bocca.