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Imágenes en la maleta, el último libro del uruguayo Ferruccio Musitelli editado por Trilce, es un reflejo fiel de lo que fue la vida de este pionero de la fotografía y el cine nacional en su juventud y adultez.

Abarca episodios distintos, mezcla historias aparentemente desvinculadas y sigue adelante, como su autor, contra viento y marea.Mezcla insólita y barroca, Imágenes en la maleta es capaz de provocar la carcajada y la reflexión al mismo tiempo.

A los 20 años, Musitelli era una máquina de trabajar y buscar oportunidades. Viajero incansable, iba y venía a Buenos Aires, en busca de materiales especializados como revistas. También buscaba los últimos avances técnicos en materia cinematográfica, que llegaban a la otra orilla y que, de no ser por él, habrían demorado años en aterrizar en Montevideo.

Comenzó así un camino personal que lo llevaría, entre otros méritos, a ser el primero en filmar noticieros para Uruguay y a realizar decenas de películas documentales, como La ciudad en la playa.

Pero era además un inventor innato, característica que lo llevó a diseñar máquinas imposibles como visionadoras, rebobinadoras, lectores de sonido, y mil artículos más, que más tarde vendió y alquiló.

Musitelli llegó a ser reconocido internacionalmente, y recibió encargos de gobiernos de muchos países, así como también de empresas importantes como las cadenas RAI de Italia, ABC de Estados Unidos, TV de Francia y BBC de Gran Bretaña.Algunas de las historias del libro hacen referencia a esos vínculos y a las situaciones que vivió al tomar contacto con otras culturas.

Los textos están bien escritos, pero algunas historias parecen algo difíciles de entender para quien no conoce bien los nombres propios de la historia uruguaya. En general, sin embargo, el libro es comprensible.

Algunas crónicas tienen un matiz de exotismo que logra entusiasmar. Otras, como La pintura abstracta, divierten enseñando. Las mejores son aquellas en que Musitelli da rienda suelta al humor y raya el absurdo, como en La levadura de doña Petrona.

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