Fierros de familia
Tras la reciente compra de Bor, el director de Fiancar evalúa el mercado automotriz, el camino de la empresa y sus planes de retiro, una vez que entregue el mando a la siguiente generación
Para Alfredo Lempert en Uruguay, además del fútbol y la política, también hay 3 millones de expertos en autos. “De alguna forma te atraen sí o sí”, señala. Junto con su hermano, Jorge Lempert, sentía pasión por los fierros y decidió emprender en el negocio en el que ya había incursionado su padre. Hace 27 años fundaron Fiancar, un grupo económico que trabaja desde la comercialización de varias marcas (Chevrolet, Fiat, Hyundai, Geely, entre otras), hasta su arrendamiento o venta de lubricantes. En busca de ampliar sus operaciones, hace un par de semanas Fiancar adquirió Bor –perteneciente al Grupo Laetitia d’Arenberg– e incorporó marcas como Mitsubishi, JAC y Great Wall.
Hoy, luego de 30 años en el negocio y dada la incorporación de uno de sus hijos y sus sobrinos a la empresa, Lempert ya se enfoca en lo que nombra “el traslado de bastón de mando”.
¿El mercado automotor nacional es un mercado de riesgo?
Nosotros nos movemos con bastante propensión al riesgo y aversión al fracaso. El mercado uruguayo responde a un país chico. Por las características de su directiva económica es un mercado extremadamente abierto. Son muy pocas las marcas de vehículos en el mundo que no podés encontrar en Uruguay, que tiene más de 50.
Otra de las características que presenta es la extrema volatilidad. En los últimos 10 años tocamos el punto mas bajo y el más alto de venta de autos en el pais. De un mercado de 3.000 unidades en el año se pasó a 50.000. Son oscilaciones salvajes que no se conocen en el supermercadismo por ejemplo.
¿Es posible alcanzar un techo en la comercialización de autos?
Existe una relación lineal entre la capacidad de consumo y el poder adquisitivo de la gente. Uruguay está en sus años de mayor venta de la historia. Hay un desgaste normal del parque automotriz, pero se puede crecer un poco más. No es de esperar que la venta de vehículos caiga a la mitad por sobre stock. Esto no se da hace años. El que compró uno hace tres años hoy quiere otro más nuevo.
¿Cómo se desarrolló la negociación y posterior compra de Bor?
Hace un año que salimos a la búsqueda de crecimiento. Y apareció Bor, no me preguntes cómo. Cortázar escribió: “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”
Laetitia (d’Arenberg) decidió no continuar con sus emprendimientos automotrices. Vio que era una buena oportunidad para vender Bor, una empresa prestigiosa, por completo mérito y trabajo de ella. Cuando la contacté, ella se sintió muy bien continuada en una empresa y familia como la nuestra. Mi negocio aquí no tenía ninguna intención oculta. Laburamos vendiendo autos y lo que queremos es agregar operaciones a nuestra empresa. Sin vueltas.
Con su familia trabajando en la empresa, ¿qué principios le gustaría traspasar?
El respeto, la sensatez, el compromiso y el juego limpio. En términos generales, el mantenimiento de la palabra. Hay que basarse menos en los contratos escritos y más en el honramiento de la palabra. Es lo básico con lo que tratamos de cumplir día a día. Si mi hijo o mis sobrinos deciden continuar con lo que construimos con mi hermano, quiero que traten de crecer y hacerse mayores ellos y a todos los que los rodean. Más ahora que nuestra familia se agranda con la incorporación del personal de 80 personas de Bor.
¿Cuando se retire se va a llevar los autos (de colección) que tiene en su oficina?
Sí, los míos son míos (risas). Cuando me vaya, me gustaría que la empresa lidere en todos los mercados que incursione.