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La necesaria reforma laboral no significa perjudicar a los asalariados sino mantenerles todos sus derechos pero adaptando el mercado del trabajo a la época actual, con una flexibilidad que beneficia a todos. El tema ha tomado renovada fuerza a raíz de la reforma en Brasil, por su eventual impacto en nuestra competitividad exportadora. Pero nadie propugna reproducir en su totalidad los cambios brasileños ni los introducidos en varios países de Europa Occidental, aunque todos tienen en común el valioso objetivo final de alentar la expansión del empleo. Se trata, en cambio, de actualizar una legislación añeja de 1915, empeorada bajo gobiernos del Frente Amplio con disposiciones rígidas que la razón exige corregir.

La principal de las varias modificaciones a encarar es permitir convenios laborales entre una empresa y su sindicato cuando así lo deseen ambas partes, en vez de la negociación a rajatabla por rama de actividad que impone la legislación actual. El PIT-CNT se opone a una iniciativa que puede menoscabar su capacidad de presión sobre los empleadores y el gobierno, al dejar en libertad de acción al sindicato de cada empresa para negociar salarios y condiciones laborales con sus empleadores. Es una oposición que, además de encorsetar la capacidad productiva de las empresas, opera en detrimento de los propios trabajadores porque los convenios por rama no toman en cuenta la diferente situación de empresas en un mismo sector, muchas de las cuales se ven forzadas a restringir su plantilla.

Otro cambio provechoso de abrir el sistema a la negociación por empresa es que la jornada laboral de 48 horas semanales, que hoy se cubre con seis días de trabajo excepto en el laxo sector público, se pueda cumplir trabajando más de ocho horas diarias pero durante menos días, dejando así mayor tiempo libre a los trabajadores. También es necesario tomar en cuenta los cambios introducidos por la informática y otros avances tecnológicos. Ya existe en el sector privado, fundamentalmente en el área de servicios, en el que mucha gente trabaja desde sus casas con sus computadoras u otros equipos técnicos, anteponiendo el cumplimiento eficiente de sus tareas a las horas que le demandan.

Un ineludible tema adicional de una reforma es definir de una vez la controversia sobre las ocupaciones. Las permite sin restricciones un decreto gubernamental pero han sido justificadamente objetadas por las cámaras empresariales ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que solo las admite si se permite el ingreso de trabajadores que quieran seguir con sus tareas y de los directivos de las instalaciones tomadas. La queja empresarial expone a Uruguay a ser incluido en una lista negra de la OIT, pese a lo cual el gobierno no termina de actuar, bajo presión del PIT-CNT.

Todas estas opciones reformistas tienen el aval de la OIT y las validan el buen resultado que han dado en España, Italia, Bélgica y Alemania. Ponerlas en práctica supone actualizar una legislación de hace más de un siglo y subsanar los errores de los gobiernos frenteamplistas. Es un camino aconsejable si se quiere promover, no solo la productividad competitiva de las empresas, sino también la creación de empleo, especialmente importante en momentos en que la desocupación es uno de los elementos más negativos en los indicadores económicos del país.

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