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El incremento de la conflictividad laboral sumado al hecho de que los trabajadores perciben que su ingreso no es suficiente para generar capacidad de ahorro motivó en agosto la mayor caída mensual de la confianza del consumidor en lo que va del año.

Según el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de agosto, relevado por la Universidad Católica y Equipos Consultores, empeoró la percepción que tienen los encuestados sobre su situación económica actual respecto a la de un año atrás.

Un retroceso de 6,9% en esa variable explicó que el ICC se desplomara 4,5% en agosto, según el comunicado difundido ayer. También se notó un menor optimismo respecto a que la situación económica del país para el próximo año será mejor a la actual (-6,2%).

Por otra parte, el mayor retroceso a nivel de los subíndices que componen el dato –todos cayeron en agosto salvo uno– se registró en la predisposición a la compra de casas y autos, que se retrajo 12,2% en agosto. Esa caída no pudo ser compensada por un crecimiento de 0,7% de la predisposición a comprar electrodomésticos, el único componente con signo positivo en agosto.

La medición del mes pasado recoge además dos factores que añaden incertidumbre a las decisiones de consumo locales.

En primer lugar, se notó un repunte de las expectativas inflacionarias (21,7%) lo que repercute directamente en una percepción menguada en la capacidad de consumo futura.
Al mismo tiempo, cayó 6,1% la medición de capacidad de ahorro de las familias, lo que deriva de una percepción económica personal peor a la de hace un año.

Con los datos de agosto el promedio anual del ICC cayó 5,6% respecto a igual período del año anterior.

El pesimismo es mayor a largo plazo que para el período inmediato, lo que evidencia que la preocupación se centra en “aspectos más estructurales de la economía”, según la evaluación.

Si bien en agosto la perspectiva de la situación económica a un año cayó más que la proyección a tres años (-6,2% frente a 3,2% respectivamente), en los 12 meses la visión de mediano plazo mejoró 18,4% respecto al año móvil anterior frente a una caída de 3,5% de la expectativa de largo aliento.

El deterioro de las expectativas de los consumidores que se registra desde hace varios meses redundó en una mayor cautela en las importaciones, que crecieron apenas 2,6% en el acumulado enero-agosto.

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