Fymnsa: polo agroindustrial en un sector que madura y en un negocio interesante
El Observador Agropecuario visitó el área forestada y el complejo industrial de una empresa que suma tres décadas abasteciendo a mercados en todo el mundo
Al negocio forestal “lo vemos bien, hace 45 años que estamos en el rubro y llevamos 30 años vendiendo productos a todo el mundo”, destacó a El Observador Agropecuario el ingeniero Gustavo Balerio, director de Forestadora y Maderera del Norte SA (Fymnsa).
Precisamente, el de aserrado es el sector con menos desarrollo en el país, con un aserradero grande (el de Urufor), una empresa mediana-grande como lo es Fymnsa y dos empresas medianas más, existiendo ahora la expectativa de una gran empresa que se puede instalar en el país.
En el caso de pino, que es lo que exclusivamente Fymnsa produce e industrializa (como se verá más adelante), “hay en el mercado un exceso de fibra y una falta de actividad industrial”.
En eucaliptus, “está cerrada la producción, tal vez haya lugar para una planta más, pero se está cerca de un balance, cosa que en el caso del pino no, hacen falta más opciones para captar lo que se produce en los bosques, hay un montón de productores que no tienen dónde colocar su madera”.
Es más, Balerio señaló que hay un precio muy barato de la fibra en pie, porque no hay quien la procese. Consultado al respecto, rápidamente respondió que “la limitación para instalarse viene por el lado de los costos”.
La experiencia de Fymnsa
Esta empresa, que en su amplia mayoría pertenece a capitales nacionales, produce en el paraje La Aurora –30 kms al sur y 15 kms al oeste de la capital departamental–, con acceso principal al complejo industrial y al área forestada en el km 471,5 de la ruta 5.
El rubro productivo en el que incursiona es la forestación, con la especie pino, exportando prácticamente el 100% de la producción, embarcando mayoritariamente hacia Estados Unidos, países asiáticos y de América Central, sobre todo a México, entre otros mercados.
Lo habitual, cuando se habla de industrializar madera de pino, es pensar en rolos, pero esta empresa no se dedica a vender rolos: “vende productos con diversas etapas de elaboración, desde lo mínimo que es aserrado y secado a procesos que involucran niveles de terminación más avanzados, como componentes de puertas por ejemplo, con un valor agregado más importante”, explicó.
Las plantaciones de las cuales procede la madera con la que se abastece a la planta industrial de la empresa son propias. El área forestada efectiva alcanza a 12 mil hectáreas. Son campos propios en el 90% de los casos. Todos los desarrollos, indicó, son propios.
Solamente se establecen acuerdos con otras empresas en el caso de la actividad de silvopastoreo, emprendimiento en el cual Fymnsa aporta los campos y los ganaderos asociados involucran el ganado y el manejo correspondiente, con vacunos y con productores básicamente de la zona.
“Establecemos regímenes de plantación más o menos uniformes, por lo tanto desde las zonas de plantaciones llega un producto totalmente previsible, adaptado a las necesidades industriales y con una cosecha anual de un volumen determinado”, indicó.
El pino plantado es el Taeda, el habitual en la costa atlántica, en oposición al Radiata que es lo que más se cultiva en Chile, hacia el Pacífico.
En el comienzo del proceso, Fymnsa obtiene la semilla de dos maneras, la adquiere a proveedores o la produce, de acuerdo a las necesidades.
“Los viveros en el inicio eran propios, pero desde el año 2000 ese servicio, con semilla propia, se contrata. De todos modos, a partir del plantín, mediante tubetes, se realiza la plantación en terrenos propios y desde entonces todo el manejo lo realizamos nosotros”, comentó, recurriéndose a equipamiento humano y técnico propio y en algunos casos contratado.
El régimen de producción va 250.000 m3 a 300.000 m3 por año, no obstante “estamos cosechando en el orden de 150 mil m3 por año; no se hace la cosecha total posible porque se cosecha en función de la demanda que establece el aserradero”, citó.
Toda la madera que se cosecha se procesa en el aserradero de Fymnsa, no se negocia a otros.
En relación a los deshechos del bosque, quedan allí, para enriquecer el suelo. Los deshechos industriales, en cambio, se trasladan a una empresa asociada, que está en el mismo predio del complejo industrial, que genera energía que se destina a la red nacional.
La planta de energía tiene tres propósitos, explicó Balerio: darle un uso a lo que eran los residuos de la actividad industrial; entregar el vapor para el secado de la madera dentro de una planta cuya producción es 100% seca; y entregar los excedentes eléctricos a la red.
Sobre lo extraído del bosque, “nuestro diámetro menor de aprovechamiento es relativamente alto, si el trozo es delgado para el aserradero igual termina en la planta de energía, mediante un chipeador, pero de ocho centímetros y más traemos madera para la actividad de aserrado”, dijo.
Uruguay en el mercado
Las coníferas en general, en todo el mundo, producen la madera de menor valor, la más barata. “Estamos en el mundo menos noble de la madera”, indicó. Dentro de las coníferas americanas, las norteamericanas de la costa oeste son las mejores, luego le siguen las sudamericanas de Chile y las de Nueva Zelanda, después están las de Brasil y las uruguayas.
Comparando la producción local con la brasileña, “estamos mejor, sin duda; sin embargo el pino Radiata, de Chile, es preferido por los consumidores”, dijo.
Si bien un pino no es un roble, es preferido para determinados usos. Es un producto necesario, se lo demanda y tiene para muchas actividades un costo adecuado.
La planta industrial trabaja todo el año y en algunos casos en doble turno cuando la demanda así lo establece. Ocupa unas 15 hectáreas y a unas 150 personas, la misma cantidad de personal propio que ocupan las tareas de campo. La lejanía del complejo industrial y de los bosques de pinos de FYMNSA son, según comentó Balerio, una dificultad.
“En algunos momentos fue un obstáculo lograr que la gente venga a trabajar a esta localización, especialmente cuando teníamos en Rivera plena ocupación, con todos los Free Shops funcionando a pleno; tal vez, en esta coyuntura brasileña reciente, sea menos complicado encontrar gente para trabajar y estemos en zonas más confortables para captar mano de obra, especialmente si se trata de mano de obra calificada”, expresó.
En la plantilla destaca que hay un 30% de mano de obra femenina, aproximadamente, y una carga importante de gente joven, según se apreció en la recorrida por el complejo industrial.
Finalmente, Balerío remarcó que “en Fymnsa todo el tiempo estamos desarrollando inversiones para mejorar tecnológicamente, para poder ser más eficientes y competitivos, esa es una actitud constante”.
A la espera de que los precios no desciendan
El mercado asiático, en la actualidad, está planteando una demanda menor a la necesaria. En el caso de Estados Unidos, está operando relativamente bien. “De todos modos, los mercados en cuanto a precios no se han recuperado tras la crisis que afectó al sector en estos últimos años, además que no llegaron a acompañar el boom que hubo en el caso de los comodities agrícolas”, expresó Gustavo Balerio.
Al respecto, dijo que “lo que esperamos ahora es que los precios no caigan tanto como han caído en algunos rubros”, aludiendo a la realidad de la soja y de la leche, por ejemplo.
“No esperamos alzas pronunciadas, sí que se mantengan los precios en niveles al menos estables”, reflexionó el profesional.
En relación al tema de los costos productivos, “los nuestros siguen siendo realmente altos, especialmente si los comparamos con los costos que tienen actualmente nuestros competidores, como Chile y sobre todo Brasil”.
Finalmente, analizando la estructura de costos, señaló que en lo más alto están los insumos mano de obra y combustibles; más atrás aparece el costo de la energía eléctrica.
La soja: un freno
El desarrollo de la actividad agrícola, particularmente el cultivo de soja, incluso la actividad ganadera, lo que han hecho en todo el país es incrementar el precio de los campos, citó Gustavo Balerio. “En Rivera también”, dijo. En todo este período de más de 40 años de acción de Fymnsa el precio se ha multiplicado, “tal vez por 50”. Balerio subrayó que “el negocio forestal no soporta valores de US$ 3.000 o US$ 4.000 la hectárea, ni hablar valores que duplican eso y que se han dado en otras zonas”. Toda la forestación uruguaya, por lo tanto, se ha detenido en su avance en superficie luego que apareció la soja como un actor principal, concluyó.