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Gastón Duprat: la importancia de Netflix, el cambio del cine argentino y la crueldad de la vida del artista

El director de El ciudadano ilustre y Mi obra maestra –que está en cines–, habla de su estreno, el momento del cine argentino y las posibilidades de Netflix

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27 de agosto de 2018 a las 14:05

Hay un Gastón Duprat que es un tipo tranquilo. No se apura para hablar, reflexiona la respuesta. La tranquilidad lo hace hábil para declarar. Sabe lo que tiene que contestar y así contesta. Ese Gastón Duprat es el que te saluda, el que en lugar de mirar a los ojos, mira a un punto fijo del fondo. Pero hay un momento temporalmente indefinible en el que hay otro Gastón Duprat que pide salir, que busca el aire y lengua propia. Y que sale. Ese es el Duprat que se guarda el casete en el bolsillo de la campera, el que se emociona cuando habla de lo que aprendió con El ciudadano ilustre –él y sus socios creativos, Mariano Cohn y Andrés Duprat–, al que se le iluminan los ojos cuando le mencionan su documental Todo sobre el asado; cuando dice que, a pesar de que su última película es grande, sigue haciendo trabajos artesanales.
 
Ahora, por primera vez en su carrera profesional como cineasta, su nombre está aislado y sin compañía bajo el rótulo de "director". Mi obra maestra –su última película, que llegó a los cines uruguayos el pasado jueves y que viajará al festival de Venecia a fin de mes– marca un despegue de Cohn, que en este caso oficia de productor. Duprat dice, sin embargo, que son meros títulos, que todo sigue girando en equipo. Así aprendieron y así es como más les gusta trabajar. "El ciudadano ilustre y su repercusión nos posibilitó filmar de manera más fácil con productores europeos, y decidimos hacer dos películas. Pero para hacer dos, había que dividirse. Dijimos 'hagamos una cada uno y que el otro la produzca'. Dividimos roles para absorber más aspectos de cada película. Se va a hacer otra al revés y yo voy a ser el productor".
 
No hay, entonces, grandes diferencias. O sí, porque si antes tenían a Oscar Martínez con el protagonismo absoluto, ahora tienen otros dos y muy pesados: Guillermo Francella y Luis Brandoni. Pero incluso ellos –populares, convocantes, enormes estrellas argentinas– forman parte del plan de un equipo en el que todos escuchan, todos aportan, todos hacen todo y donde "no hay un director loco que llega y dice que quiere hacer todo al revés". Así, el Duprat metódico y tranquilo vuelve a aparecer, pero el otro queda agazapado, sabiendo que en cualquier momento puede volver a opinar y a romper esquemas planteados de antemano. Como lo hacen, desde el principio, sus películas.
 
¿Qué ventajas tiene trabajar con el mismo grupo a la hora de enfrentarse con una nueva película?
 
En el cine el equipo de trabajo usualmente es vertical. El director da órdenes, el resto obedece. Acá nosotros hacemos las cosas horizontalmente. Todos opinan, todos tienen derecho a veto. Es un trabajo bien grupal y del que cada película se termina beneficiando, porque todo está muy discutido, muy hablado, no hay cosas que puedan pasar de largo sin que nadie se dé cuenta y nadie tira abajo las ideas de otro porque simplemente no le gustaron.
 
¿Situar Mi obra maestra en el mundo del arte fue una excusa para hablar de una amistad o querían hacer especial foco en las características de este universo?
 
Se quiso contar la historia de una amistad, de cuáles son los límites de esa amistad y de cómo esa relación soporta los vaivenes y las diferencias que ellos tienen en la vida. Ese es el tema central. Luego, el mundo del arte nos pareció atractivo por su colorido, su potencia y porque lo conocíamos muy bien; no lo tuvimos que estudiar. Pero podrían haber sido dos amigos comerciantes o médicos.
 
La película es, de alguna manera, más amable con el público que El ciudadano ilustre y otras producciones suyas ¿A qué responde eso?
 
Viene por el propio concepto de la película, que al querer contar la historia de una amistad necesitaba que tuviese más emotividad. Eso es lo novedoso que trae la película a nuestra filmografía. Hay momentos de emoción y tal vez en otras de nuestras películas no, pero porque no se necesitaba.
 
Aun así, sigue presente la mirada irónica sobre determinados mundos. ¿Eso no se permiten abandonarlo?
 
Es nuestra respuesta al mundo, a la realidad del arte y a todo lo demás. Es una manera de ver las cosas o un punto de vista que nos gusta explotar. Tiene que ver con la forma en que uno se toma la realidad. En nuestro caso, está siempre el toque sarcástico.
 
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¿Considera que Argentina ya dio el paso hacia el cine industrial? ¿O continúan siendo en su mayoría películas de corte independiente?
 
Lo de independiente o industrial son clasificaciones que ya no van, porque esta película es muy grande pero sin embargo nadie me vino a decir cómo tenía que hacerla. Steven Spielberg, que es multimillonario y sus películas son gigantescas, es el cineasta más independiente de todos, todavía más que un chico que hace una película en Montevideo con su cámara hogareña ¿Por qué? Porque hace lo que quiere, y tiene la posibilidad de hacerlo de verdad. O James Cameron. Nadie puede decir que le dijeron cómo hacer Titanic, o que la hizo por dinero. Es un artista increíble y lo mismo Tarantino, los hermanos Coen y así podríamos seguir. Entonces, ese concepto de independiente contra el mercado industrial a mí no me va. A mí los directores que más me gustan son los llamados industriales, que son los que tienen mayor libertad. Lo de independiente lo decís y ya suena medio lúgubre, y ya se sabe cuáles son los códigos y el dogma estético que tiene que tener una película para ser independiente. Así que no creo para nada en ese concepto de independiente versus industrial. Hay películas muy buenas industriales e independientes, y películas muy pobres industriales e independientes, por más que se piensen a sí mismas como obras maestras. En cuanto a las argentinas, siguen siendo producciones muy pequeñas en comparación con los números que se manejan en el exterior. Son películas que tienen lo que tienen que tener para poder contar lo que quieren contar, pero que en el contexto mundial no son para nada realizaciones grandes.
 
"Nadie puede decir que a James Cameron le dijeron cómo hacer Titanic, o que la hizo por dinero. Es un artista increíble y lo mismo Tarantino, los hermanos Coen y así podríamos seguir. Entonces, ese concepto de independiente contra el mercado industrial no me va. Los directores que más me gustan son los llamados industriales, que son los que tienen mayor libertad"
 
Aun así, muchas lograron llegar a varios festivales de prestigio y ser protagonistas reales. Les pasó con El ciudadano ilustre, por ejemplo.
 
Si uno tuviera que elegir entre que vaya el público en Buenos Aires o en Uruguay o donde sea, y que la película vaya al festival más prestigioso, prefiero al público. Está lleno de películas que van a festivales y después no las ven ni los familiares, y eso es algo muy desgraciado. Si se dan las dos cosas, es extraordinario. Pero si tengo que elegir, dame a la gente.
 
 
En su filmografía trabajaron con varios dúos en pantalla. En esta tienen a dos figuras pesadas de la actuación argentina. ¿Cómo hicieron para balancear su importancia de manera equitativa?
 
Desde el guion, para que cada personaje tenga su consistencia, su lógica, su manera de actuar frente al mundo. La película se filmó con el guion cincuenta y pico, ahí te das cuenta de todo lo que se trabajó. Está claro que cuando vos tenés dos tipos como estos, tienen que ser los dos protagonistas. No pueden ser uno el 70% y el otro el 30%, habría un desequilibrio. Y no tiene que ver con la cantidad de escenas de cada actor, sino con el saldo que te queda en la cabeza luego de ver la película. Más allá de que uno aparezca más o menos, a vos te tiene que parecer que estuvieron los dos por igual. En este caso, ambos son figuras de importancia similar, en cuanto a lo que son como actores o la importancia que les da el público como figuras. El tono de la película necesitaba de dos actores como ellos, que pudieran pasar del humor a la emotividad en dos segundos. Ellos tienen esos atributos. No todos lo pueden hacer y convencer.
 
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Francella y Brandoni en<i> Mi obra maestra</i><br>
Francella y Brandoni en Mi obra maestra
La película muestra una cara cruel del mundo del arte, del éxito y la respuesta al fracaso. ¿El mundo del cine es un poco menos agresivo?
 
Bueno, no mucho. A los actores no les pagan indemnización cuando los echan del trabajo, a un empleado público sí. Yo como director hace un montón de años que salto de un trabajo a otro, me quedo un año sin poder hacer nada, hasta que consigo algo nuevo. Es como que todo está armado para las profesiones convencionales, para los escribanos, los médicos, los abogados. En general está todo diseñado en favor de ellos, están protegidos. Los artistas estamos más a la deriva, somos un eslabón muy débil. Ayer lo hablábamos con Brandoni y Francella, justo. Por ahí, pasás años esperando un llamado de teléfono. Brandoni, siendo el actor que es, estuvo 10 años sin trabajar en Argentina. Estás muy a la deriva y en función de lo que otros decidan. El director también es una figura sufrida, pero por lo menos puede agarrar una carpeta, filmar con una camarita y armar su propia experiencia.
 
¿Qué se juega un cineasta latinoamericano en un festival como el de Venecia?
 
Tiene algo de cruento todo eso de los festivales. Uno demora un montón de años en hacer una película y tiene que ponerla a disposición del comité de un festival para que la elija o no la elija –como si fuera una cosa discrecional– gente que uno no conoce. Pero la verdad es que si la película viaja, va a estar en una vidriera que le va a dar más vida, que le va a dar estrenos en otros países, más recorrido por el mundo. Ese es el beneficio, más allá del glamour de la alfombra roja y las celebrities; el hecho de que la película puede que consiga más vida allí.
 
"Todo está armado para las profesiones convencionales, para los escribanos, los médicos, los abogados. Están protegidos. Los artistas estamos más a la deriva, somos un eslabón muy débil"
 
¿Cómo se sigue después de que una película como El ciudadano ilustre consigue el éxito que tuvo?
 
Lo que me dejó de enseñanza El ciudadano ilustre es que una película muy sofisticada, muy de autor, muy artesanal, puede ser vista por cientos de miles de personas, algo que a priori alguien podría decir que no. Eso fue una linda comprobación, de que lo popular no tiene por qué ser fácil, ni simple. Simplemente, uno va al cine cuando una película está buena, cuando lo interpela. Y esa idea que parece tan simple, me la corroboró El ciudadano ilustre. Otra idea que salió de ahí es que una película que nosotros hicimos en Argentina, pensando en la idiosincrasia argentina, nos hizo dar cuenta de que no tenemos ninguna originalidad, porque lo que cuenta la película puede pasar en otro lado. En varias partes del mundo la vieron como propia y se identificaron con el retrato que hace.
 
En Netflix hay dos realizaciones suyas (El ciudadano ilustre y Todo sobre el asado). ¿Tener esa ventana hace pensar de otra manera lo que viene después del paso de la película por las salas?
 
Es así. Es una sobrevida enorme para la película, porque tal vez en Netflix las están viendo más personas que las que fueron al cine. Está buenísimo. A mí, igual, me sigue gustando el estreno en cines porque me gusta mucho el ritual de la sala, pero está bárbaro que esté en otros lados. Con Todo sobre el asado, por ejemplo, me llegaron mensajes de Islandia, de Turquía, de gente que se indignó con la película, que le gustó o que la odió. Es muy poderoso, muy potente a lo que se llega.
 

Mi obra maestra

 

Amigos de fierro

 
Arturo Silva (Francella) es un galerista destacado que está cansado de acarrear con su amigo Renzo Nervi (Brandoni), un viejo artista bohemio y de muy mal genio que está peleado con el mundo contemporáneo y que recuerda, sumido en la desgracia artística y económica, sus días de gloria en la pintura. Después de varias peleas y muchas desilusiones, a Arturo se le ocurre una particular idea –estafa– para recuperar el prestigio de su amigo.
 
Si uno llega al cine a ver Mi obra maestra pensando que se encontrará con algo similar a la oscuridad presentada anteriormente por la dupla de Duprat y Cohn, puede que se lleve una sorpresa. La nueva película del equipo –Duprat es el director, pero es en esencia una película del equipo– es diametralmente opuesta a su anterior realización. Sí, hay ironía y sarcasmo con el mundo retratado, especialmente en el personaje de Brandoni –que despotrica, insulta, se pelea con los críticos y con sus propios mecenas–, pero también un toque de comedia sana y fraternal, en la que dos amigos unidos a pesar del paso de los años buscan, entre los dos, no caer en el olvido del mundo que los vio triunfar.
 
Francella y Brandoni –especialmente Brandoni– se lucen en una película luminosa que resulta extraña en la filmografía de Duprat-Cohn, pero que se recibe con calidez y que incluye momentos de tensión bien propios de sus autores. Aunque, a diferencia de El ciudadano ilustre, el resultado de esa tensión vira para el costado de la comedia. Y está bien que así sea.
 

De locales

Mi obra maestra se exhibirá en el festival de Venecia en setiembre, un lugar que el equipo conoce bien. En 2017, con El ciudadano ilustre, compitieron por el León de Oro a mejor película, ganaron el premio del jurado joven y Oscar Martínez se llevó la Copa Volpi al mejor actor.
 

Todo sobre el asado II

Una de las producciones más recientes del equipo Cohn-Duprat es Todo sobre el asado, un hilarante documental sobre la tradicional manera de asar la carne y las múltiples y bizarras aristas de ese mundo. "Es un documental bastante antiargentino. Nos putearon bastante acá", dice entre risas Duprat. También dice que están preparando Todo sobre el mate, en el que viajarán a las raíces de la infusión junto con el actor y director uruguayo Daniel Hendler. "Va a ser igual, en el mismo plan que el asado. Con Uruguay y Paraguay, porque los paraguayos dicen que inventaron el mate, pero la mejor yerba es uruguaya". Todo sobre el asado está en Netflix.
 

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