Genética y políticas
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
De la misma manera que, para un productor agropecuario mixto, el negocio de las vacas contribuye a la estabilidad de los ingresos reduciendo la volatilidad de los ingresos agrícolas, para un país la idea sigue siendo y tal vez mucho más válida pensada “en grande”. Los precios agrícolas tienen una mayor variabilidad y sufren adicionalmente la inestabilidad climática en forma mucho más crítica. En el negocio vacuno hay desquite en el tiempo, claro, en la agricultura el dinero vuelve (o no) a mucho mayor velocidad. Luego de esta introducción casi filosófica, veamos algunas consideraciones en cuanto a plantear un mejor futuro para el negocio de las carnes. Entonces uno se pregunta de qué maneras podría la genética en bovinos contribuir a una política de Estado que favorezca los ingresos de los productores y consecuentemente los del país.
¿Podría decirse que tal o cual línea genética es mejor que otra? ¿Sería de utilidad que, a partir de encontrar en una mesa de desposte un corte “ideal” –por ejemplo de colita de cuadril o un lomo– rastrear para atrás ese novillo y ver de qué genética proviene? ¿Podría alguien definir en forma fehaciente y concluyente lo que significa estar frente a un “toro superior”? ¿Sería posible definir un planteo ganadero “modelo” que pudiera ser replicado a lo largo y a lo ancho del país? Reflexionar sobre estas y otras preguntas ciertamente ayuda a entender las particularidades de cada línea genética, de cada zona, de la forma en que se integra la cadena cárnica, etc.
Pero hay una idea de la que no podemos dudar: hay que medir la oferta genética. ¿Cuál sería el ideal? Que todos los toros que salen al mercado sean medidos. No importa si con DEP o con EBV o con medición genómica, pero deben ser medidos. Esta sería un excelente inicio para contar con una gran base de datos (población de referencia) que permita entender la foto de nuestro rodeo nacional y, a partir de allí, trazar cada uno sus objetivos.