Cuando a mediados de abril trascendió que iPhone y la tableta iPad almacenaban durante un año o más las coordenadas donde se ubica el usuario, gracias al sistema de localización global (GPS), se escucharon varios gritos en el cielo. Algunos legisladores y muchos usuarios opinaron que el almacenamiento de los datos abría la oportunidad de que la información privada de alguna persona fuera utilizada indebidamente. Sin embargo, y a juzgar por el comportamiento de muchos usuarios, cada vez parecen menos los que conciben los datos de ubicación como algo tan valioso y digno de protegerse como lo sería una billetera o el número de una cuenta bancaria.
Geolocalizarse, entre la privacidad y la intención de mostrarse
El 20% de los usuarios de smartphones en Estados Unidos comparte los sitios en los que se encuentra en redes sociales como Facebook Lugares