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El gobierno presentó este lunes la estrategia nacional contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.

El sector más controlado de Uruguay es el financiero que supervisa el Banco Central a través de una unidad especializada. Por año, los bancos y casas de cambio, reportan entre 200 y 220 casos sospechosos de lavado de activos, pero luego de un estudio detallado sólo una docena de denuncias pasan a la justicia.

El énfasis de los controles se pondrá ahora en el sector inmobiliario y en las sociedades anónimas, informaron. El Observador informó el domingo que una de las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) es vigilar las organizaciones sin fines de lucro, entre ellas los clubes deportivos, las ONG y ciertas iglesias que trabajan recaudando fondos de sus fieles. En esos sectores también se reforzarán los controles.

Por otro lado se aplicarán medidas antilavado a las asociaciones público-privadas, de acuerdo a un comunicado oficial. El gobierno impulsa ese tipo de sociedades a través de la ley de Participación Público-Privado con la cual se piensa construir grandes obras de infraestructura.

“Uruguay eligió el camino de ser derecho, de ser serio”, dijo Diego Cánepa, prosecretario de presidencia al transmitir el pensamiento del presidente José Mujica.

Cánepa encabezó el acto en la Torre Ejecutiva, donde también estaban Carlos Díaz, titular de la Secretaría Antilavado, Daniel Espinosa de la Unidad de Inteligencia Financiera del Banco Central y Matthew Byrne, jefe del grupo de integridad financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que brindó asistencia técnica a Uruguay.

Díaz señaló que la política debe ajustarse permanentemente porque cuando se controla un sector, los “lavadores” se mueven a otros; y Cánepa acotó que por eso “no hay que dormirse en los laureles”.

Mariano Federici, del FMI comentó que la principal fortaleza de Uruguay es el compromiso político del más alto nivel así como la coordinación interinstitucional para enfrentar el problema.
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