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Varios veterinarios han tenido dificultades para operar con la firma de certificación electrónica necesaria para proceder a realizar los embarques de ganado para faena y cuyo requisito obligatario comenzó a regir el lunes 2 de marzo.

Algunos profesionales han denunciado que no han podido cumplir con este requisito en función de que el sistema oficial no les reconoce los dispositivos que adquirieron para ese fin. Como consecuencia esos ganados que registraron problemas al momento de la certificación no se pueden enviar a frigoríficos hasta tanto se regularice el trámite.

La directora del Sistema Nacional del Información Ganadera (SNIG), María Nela González, dijo este jueves al programa Valor Agregado de radio Carve que oportunamente se informó que esta aplicación utiliza como organismo de certificación al Correo Uruguayo, que fue la empresa que ganó la licitación y que no es responsabilidad oficial que se usen otros sistemas del ámbito privado.

La nueva Certificación Electrónica a la faena es válida para los embarques de vacunos hacia la Unión Europea, Suiza y Cuota 481.

Por otra parte desde la Asociación Rural del Uruguay (ARU) se informó estar tarde que el próximo lunes se reunirán con la titular del SNIG, debido a los inconvenientes operativos que está causando el nuevo proceso de certificación electrónica de animales para plantas de faena en todo el país.

El presidente de la gremial, Ricardo Reilly, comentó a través de un comunicado que “a cada rato estamos recibiendo nuevos reclamos de productores de todo el país respecto al nuevo sistema de certificación que se ha comenzado a aplicar. Notamos que existe una gran desinformación, y la mecánica está resultando muy engorrosa de llevar a la práctica”.

Agregó que los asterisco 2 están siendo rechazados en faenas para exportación y complicando los embarques, lo que está causando un malestar muy grande, porque todos los productores tenemos algún animal en esta situación.

Además surgen otra serie de trámites que no están muy claros, como el de la firma electrónica, o la exigencia de dos lecturas, lo que implica un costo extra para el productor, concluyó Reilly.

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