11 de julio de 2021 5:02 hs

Cuando arribó a fines del siglo XIX a Uruguay, el financista español Emilio Reus soñó con montar un balneario en torno al muelle de Guruyú. Una brutal crisis económica en 1890 puso fin a los anhelos, y el Hotel Nacional nunca saludó a sus huéspedes.

Unos 130 años después, las mesas añosas apostadas en las galerías de la Facultad de Arquitectura en Parque Rodó tienen un punto de conexión con el icónico edificio de la Ciudad Vieja. Es que esas maderas revistieron por décadas los pisos de parquet del edificio pensado como un hotel, que con los años se transformó en la anterior sede de distintas facultades. La madera recuperó su valor con algunas capas de barniz y el ir y venir de estudiantes pero la antigua facultad no, mientras aguarda en silencio, anclada en el pasado, entre los embates del viento que sopla con furia en la península.

Esa imponente obra dueña de una manzana sobre la rambla portuaria —en la esquina con Piedras—, soñado 130 años atrás como un lujoso complemento al circuito de establecimientos hidro-termo terápicos que se proyectaba en la zona, no tiene un futuro cierto. 

El otrora Hotel Nacional —que nunca fue— pertenece hoy al núcleo familiar del capitán Panagiottis Tsakos —radicado en Europa—, titular del Grupo Tsakos, tras su adquisición en un remate judicial en 2007 por US$ 3,3 millones

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La icónica construcción es una inversión familiar, explicó a El Observador el gerente general de la Tsakos Industrias Navales —una de las empresas del grupo—, Germán Aguirrezabala. El empresario uruguayo aclaró no obstante que la estructura no es una propiedad de su compañía, vinculada al rubro de los astilleros navales 

La hija del capitán, María Tsakos encabezó años atrás el proyecto de reconversión del edificio, que implicaba añadir dos pisos al edificio, oficinas y viviendas. La Intendencia de Montevideo (IMM) llegó incluso en 2009 a pedir la habilitación para construir estacionamientos subterráneos en el predio contiguo, debajo de la Plaza de Deportes N°1. 

Diego Battiste La estructura, declarada Monumento Histórico Nacional en 1996, es una inversión familiar del capitán Panagiottis Tsakos, titular del Grupo Tsakos

Pero en 2010 María Tsakos murió de forma inesperada y las ideas quedaron truncas. Tsakos puso a la venta la estructura por unos US$ 6,5 millones. Comenzó la búsqueda de inversiones a cargo del exembajador José Luis Pombo. 

Los años pasaron y las puertas del Hotel Nacional siguieron cerradas. El vecino Club Neptuno se vino abajo. La comuna refaccionó la plaza contigua. La antigua facultad ya no está a la venta.

La última visita de un Tsakos al lugar fue en marzo del año pasado, cuando Nikolas —hijo del capitán Panagiottis— pasó por el edificio en el marco de su visita a Uruguay por la asunción del presidente Luis Lacalle Pou. 

Aguirrezabala aseguró a El Observador que el Hotel Nacional no es una estructura abandonada, y remarcó que, como cualquier otra propiedad privada, paga sus tributos. La IMM exige el tapiado de sus ventanas y el cercado del perímetro. Entre las paredes y el alambrado sobre la vereda, el pasto crece con soltura.

Adentro no hay más movimiento que el de una pareja de serenos y el revoloteo discreto de alguna paloma por los techos poco iluminados. En los días más ventosos se desprenden pedacitos de las paredes, que llueven sobre las baldosas blancas y negras, y los yuyos que se amarran a sus bordes. Una arquitecta supervisa periódicamente el estado de los tapiados.

La pesada puerta que da hacia la calle Cerrito oficiaba hasta hace medio siglo de entrada para estudiantes, primero de Matemáticas, luego repartida entre Arquitectura e Ingeniería, y por último de Humanidades, hasta su cierre en 1973 durante la dictadura uruguaya (1973-1985). 

A mano izquierda estaba la Bedelía, y en el último piso, sobre la cuarta planta, una residencia para estudiantes del interior. En el centro del espacio a cielo abierto —las mansardas se removieron en 1912— se alza una monumental escalera de mármol que conecta con los perímetros.

El elefante en la habitación

Con su acceso restringido y el tapiado de cada abertura, el videoclip de “Calle Yacaré” de Roberto Darvin es una de las vías de ingreso. Al fondo a la izquierda —en la cara que da hacia Ingeniero Monteverde— se abría un extenso salón que albergaba a la biblioteca. Hoy sus suelos están desnudos, y los parquets de madera sirven de mesas a estudiantes de la actual Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) en el Parque Rodó. 

“Hemos sido promotoras de la recuperación de las estructuras abandonadas y vinculadas con el patrimonio, que sobre todo conspiran con el derecho a la ciudad. Por supuesto que sería bien importante recuperar todos los edificios vacíos, abandonados, y que en este caso tiene un valor patrimonial”, comentó a El Observador la alcaldesa del Municipio B, Silvana Pissano. El edificio es un Monumento Histórico Nacional desde 1996.

"Una Ciudad Vieja íntegra es clave, y todo el sector de Lindolfo Cuestas hacia el puerto se transforma en una clave para el crecimiento con la participación de vecinos", señaló la arquitecta, quien fue directora de Desarrollo Urbano de la IMM en las administraciones de Daniel Martínez y Christian Di Candia.

Quien circule estos días por la zona podrá ver carteles colgados del alambrado que rodea las fachadas de la antigua facultad, que lanzan la consigna: “¿Qué hacemos con el Hotel Nacional?”. La iniciativa es impulsada por el Colectivo Troya, integrado por un conjunto de estudiantes de Bellas Artes. 

Diego Battiste Un colectivo de estudiantes de Bellas Artes colgó carteles en torno al edificio, con la consigna: "¿Qué hacemos con el Hotel Nacional?"

Desde el grupo contaron a El Observador que la propuesta consiste en “hacer la pregunta y mover el avispero” en torno a una magnífica construcción que se ha vuelto “el elefante en la habitación”. En cuestión de días, varias organizaciones barriales se han acercado para establecer un contacto.

El Colectivo Troya tiene como referencia distintas experiencias europeas de apropiación cultural de espacios en desuso. En este sentido, mencionan entre sus planes hacer una oferta a Tsakos —que años atrás vendía el Hotel Nacional a US$ 6,5 millones— a través de mecanismos de recaudación de fondos como el provisto por la plataforma Patreon, basado en un sistema de donaciones mensuales hacia emprendimientos que los aportantes deciden apoyar. Desde el grupo reconocen que es ambicioso, pero si funcionó en otros países, sostienen, no tendría por qué fallar en Uruguay.

En torno a la plaza contigua a la otrora facultad, confluyen varios colectivos vecinales. En julio de 2019 la Comisión Derecho a la Ciudad encabezó una serie de movilizaciones a raíz de una propuesta presentada por Tsakos a la IMM. Allí sugería “permutar” dos propiedades suyas —una en Ciudad Vieja y otra en la costa del Cerro— por el predio de la ex Terminal de la Aduana, separada del Hotel Nacional por la Plaza N°1. La comuna llegó a pedir la autorización de la Junta Departamental, para ceder a la solicitud, y habilitar obras en el terreno.

“Iba totalmente en contra de lo que es el barrio hoy en día, además de profundizar un proceso de gentrificación en donde las mejoras edilicias, de veredas, en lo arquitectónico, elevan el costo de vida y del alquiler”, recordó Florencia Apud, integrante de la comisión barrial en diálogo con El Observador.

En noviembre de 2020 —en plena transición de mando entre Di Candia y Carolina Cosse— la IMM anuló el canje de propiedades. Un fragmento de la exterminal de ómnibus —otra parte corresponde a la Administración Nacional de Puertos (ANP)— quedó reservado para la construcción de cooperativas de viviendas, en respuesta a la movilización de unas 100 familias, compuestas en su mayoría por vecinos de Ciudad Vieja. No obstante, aún no hubo avances en la construcción.  

Diego Battiste La Plaza de Deportes N°1 es uno de los predios vecinos del histórico edificio sobre la península del barrio Guruyú

“Vemos acciones desparramadas pero no hay una mirada integral”, comentó Apud sobre la zona. A nombre de la Comisión Derecho a la Ciudad, opinó que les “encantaría que el Hotel Nacional vuelva a la órbita de lo público”. 

En medio de vaivenes, la estructura vuelve a quedar librada al desuso. Mientras, el viento de la rambla portuaria lo embiste con fuerza, y pedacitos de paredes llueven sobre el patio.

Aclaración: Una primera edición de esta nota publicada el domingo 11 de julio informaba que el Hotel Nacional pertenece a la empresa Tsakos Industrias Navales. Aunque es una de las compañías del Grupo Tsakos, el edificio es en realidad una inversión familiar del capitán Panagiottis Tsakos, y no está a nombre de la empresa. A los lectores, las disculpas del caso. 

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