Impulso presidencial a la apertura
Apremia un acuerdo con China para no perder pie ante Australia y Nueva Zelanda, países que compiten con Uruguay en exportaciones agrarias y que ya tienen acuerdos con Pekín
Aunque asediado por la profunda crisis de ANCAP, las disensiones dentro del Frente Amplio, la trancada debilidad de la educación pública y otros problemas internos que han desvaído su primer año de gobierno, el presidente Tabaré Vázquez parece haber encendido los motores hacia el exterior en el tema de la apertura comercial, crucial para retomar crecimiento de la economía. El foco de este impulso, informado a El Observador por fuentes allegadas al mandatario, es el ingreso uruguayo al Acuerdo Transpacífico (TPP), el más amplio tratado de liberación comercial hasta ahora. Luego de cuatro años de negociaciones fue cerrado en octubre de 2014 por 12 naciones que incluyen a las más poderosas con costas al Pacífico, excepto China. Pero las decisiones presidenciales incluyen también un acuerdo comercial con China, así como otro con Chile para facilitar un ingreso más aceitado al TPP y explorar mercados africanos a través de la apertura de dos embajadas.
Está pendiente además la conclusión del tratado de libre comercio con la Unión Europea. Luego de 15 años de tropiezos negociadores, generados en el bloque por el desorden del Mercosur y por el proteccionismo del kirchnerismo, la cumbre reciente del Mercosur acordó acelerarlo, aprovechando la disposición del nuevo gobierno aperturista de Argentina. Pero puede seguir obstaculizándolo la renuencia de Francia al ingreso de productos del agro que pongan en desventaja a un sector protegido por el Estado en esa nación. Al margen de lo que ocurra con el TLC con Europa, el ingreso al TPP es de enorme importancia para acceder a los fuertes mercados asiáticos, además del de China. Y apremia un acuerdo con el gigante asiático para no perder pie ante Australia y Nueva Zelanda, países que compiten con Uruguay en exportaciones agrarias y que ya tienen acuerdos con Pekín.
Para cumplir su ambicioso programa de diversificada apertura comercial en los próximos años, Vázquez tendrá que sortear escollos regionales e internos. El Mercosur sin el kirchnerismo está ahora más dispuesto a allanarle el camino a Uruguay, pero habrá que negociarlo. Y en el frente doméstico, el presidente deberá superar probables reticencias ideológicas sobre el TPP por parte de los sectores más atrasados del Frente Amplio, que ya impusieron el rechazo de nuestro país al tratado internacional de servicios TISA, que lideraba Estados Unidos. Esta potencia también encabeza la lista de miembros del TPP, que incluye a naciones de diferente signo ideológico como Japón, Canadá, Australia, Singapur, Vietnam y Malasia y, en el frente latinoamericano, a Chile, México y Perú.
Esta diversidad política de sus gobiernos debería diluir la oposición de los sectores frenteamplistas que mantienen un envejecido rechazo visceral a todo lo que suponga acercamiento a Estados Unidos. Pero como con esos grupos nunca se sabe, Vázquez puede tener que recurrir a un enérgico ejercicio de la autoridad presidencial. Tal vez encuentre menos obstáculos internos para un acuerdo con China, país que visitará el año entrante. Pero es vital para apuntalar el magro crecimiento pronosticado, que el sector privado sitúa en el entorno del 1% del Producto Interno Bruto, que las iniciativas de Vázquez avancen hacia su concreción como parte de la única estrategia adecuada para mejorar en los años próximos el nuboso horizonte actual de la economía.