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Hacemos malabarismo con ocho pelotas”, responde el director del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa), Ruben Villaverde, cuando se lo consulta sobre qué medidas están implementando para combatir el hacinamiento. Hacer malabares significa, por ejemplo, convertir un apartamento que se usaba como depósito en el hogar Paso a paso, ubicado en la calle Garibaldi, en un celdario para 12 internos.

“No armamos una montonera para ponerlos colgados hasta del techo. Lo que hacemos es ganar espacios que estaban inutilizados o con otros destinos”, dijo Villaverde a El Observador. “Con el reaprovechamiento del espacio la venimos piloteando, con dificultad pero venimos piloteando”, explicó el presidente del Sirpa, organismo que depende del INAU.

Villaverde agregó que hay “sobrepoblación en todos lados” y que esa situación se mantendrá hasta mediados de agosto, cuando finalicen las obras en el centro de ingreso transitorio que se está construyendo en General Flores y Bulevar Artigas y que albergará a 115 menores.

Mientras que el sistema hoy está preparado para recibir a unos 400 adolescentes y jóvenes, en la Colonia Berro y los hogares de Montevideo hay 560 internos. Además de los menores, que son mayoría, hay unos 100 mayores de edad que ingresaron al sistema para cumplir la condena de delitos que cometieron cuando eran menores. Ese es el caso de “El Mira”, un interno de 19 años, dueño de un prontuario delictivo que mete miedo.

“El Mira” tiene tres homicidios en su cuenta personal y una fuga cinematrográfica. El 28 de agosto de 2012, con los grilletes en los tobillos, logró treparse a los techos del exhogar Puertas y fugarse.

Este lunes, “El Mira”, que permanecía alojado junto a otro interno en una celda del hogar Ser, en la Colonia Berro, protagonizó otro episodio violento. Luego de un enfrentamiento verbal con un funcionario del Sirpa, le tiró agua caliente desde un termo en la cara, relató ayer a radio Cero el dirigente sindical Joselo López, quien agregó que el trabajador “está en una situación bastante comprometida”.

Ese día, hubo una requisa en el hogar Ser y los funcionarios incautaron marihuana, un celular y un corte carcelario. “El hogar Ser es una vergüenza”, había dicho Villaverde a El Observador en una entrevista publicada en marzo.

Al día siguiente, este martes, un recluso que pertenece a ese módulo quemó colchones y encendió la alarma del sistema, aparentemente en protesta por la requisa del día anterior.

“Esta situación con este compañero dejó los ánimos caldeados en algunos centros y en el día de ayer (por el martes) comenzó un golpeteo de puertas, que es un anuncio de premotín, hasta que surgió esta quema de colchones que por suerte se pudo controlar rápidamente y no hubo pérdida de espacios físicos”, expresó López.

El sindicalista señaló que la tensión en el ambiente no solo se vive en el hogar Ser, sino en varios centros de la Colonia Berro, donde el número de internos ha aumentado y se registra una superpoblación importante.

Villaverde considera que la tensión no se debe al mayor hacinamiento, sino al liderazgo negativo que ejercen algunos internos, como “El Mira”. “Él hace todo lo posible para irse para la cárcel de mayores, pero eso lo define el juez, no lo definimos nosotros”, agregó Villaverde.

La jueza de Adolescentes de Pando, Isaura Tórtora, le imputó ayer a “El Mira” lesiones personales por la agresión al funcionario y dispuso su internación en el Sirpa.

Villaverde explicó que este interno tiene “capacidad de tensar el clima junto con otros”, lo que provoca incidentes en los hogares.

La Tablada, hogar de mayores
Villaverde anunció que semanas atrás finalizó la búsqueda de restos óseos en el patio de La Tablada, donde había indicios que enterraban a víctimas de la dictadura, y que, por esa razón, podrán comenzar las obras para refaccionar el hogar, que se destinará a albergar a los mayores infractores que cumplen condena en el Sirpa. Las nuevas plazas estarán prontas antes de fin de año, prometió el jerarca.
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